La organización y Dios
Este texto en español es una traducción automática del original turco y puede contener errores.
La organización y Dios
Organización: 1) Preparación, arreglo, orden. 2) Establecimiento, organización.
Organizado: 1) Organizado, agrupado. 2) Ordenado, arreglado. Organizar: arreglar, organizar, montar una organización….. Diccionario Básico Turco, Kemal Demiray.
El significado de organización en el diccionario alemán: 1) Construir según un plan. Organización, Orden, la forma de algo. 2a) En un grupo; Sociedad, Unión, la unión de personas agrupadas para el mismo fin. b) Estar juntos, estructura, edificio. La instrucción, la orden de un instituto.
Forma de organización: ciertas reglas. «La forma de organización determina el estilo de gestión de la firma.»
Organizador: 1) Preparar según un plan determinado. «Los políticos son organizadores al proclamar, anunciar algo.»
En relación con nuestro tema, los significados de estas palabras en otros diccionarios también deben de explicarse más o menos de la misma manera. Esta palabra, en el siglo XVI, siendo su griego organon, fue derivada de la palabra órgano.
El significado de diccionario de organon, es decir, órgano, es: «juego de herramientas, instrumentos musicales, instrumentos de propósito»; ergon «trabajo, obra de arte, labor, deber».
Entrando en la lengua francesa en el siglo XVIII, la palabra organizar, luego de nuevo paralela a esta palabra órgano, está en el sentido de «hacer existir un órgano». Fue derivada de la palabra latina organum, en el sentido de «herramientas de trabajo». Es decir, hacer según un plan, dar forma.
En los escritos sagrados esta palabra Organización no aparece ni una sola vez (se refiere a la Torá, los Salmos, el Evangelio, el Corán). No se ha encontrado en ningún lugar, ni en sus lenguas originales ni ha entrado esta palabra, después de ser producida en el siglo XVIII, en las traducciones de las Sagradas Escrituras hechas posteriormente. Y quiero afirmar, como un hecho, que los Testigos de Jehová mismos hicieron esta investigación, y aceptaron el resultado con tristeza tras puertas cerradas. Ninguno de sus miembros ha oído esto tampoco. De no haberlo leído en el libro de Raymond Franz, a quien echaron de entre ellos, yo tampoco lo habría oído. Porque los Testigos de Jehová son una Organización, y a sus miembros se les enseña en toda oportunidad a jactarse de esta Organización. Lo que quiero contar aquí no pueden ser solo ellos; yendo mucho más profundo que el significado de diccionario de esta palabra, trataré de probar lo que en realidad significa para nosotros la humanidad, su poder, sus imposiciones, dando ejemplos de la historia; y sobre todo de las palabras de Dios, si Dios es un Dios Organizador que apoya la Organización en el sentido que entendemos. Para contar las verdades que yacen bajo esta sola palabra, en realidad podría incluso escribirse un libro muy largo. Yo de nuevo trataré de traer una explicación lo más breve posible pero sobre todo del modo que nos concierne, en nuestro propio campo.
Con una pregunta simple que todos conocemos, ¿podemos decir que hay cosas bien organizadas o hay cosas mal organizadas? ¿Puede una persona quizá explicar todo de un modo así de simple?
Nunca olvido; cuando teníamos unos 15 años tenía un amigo cuyo padre era vendedor de carbón. Un día había ido como huésped a pasar la noche a su casa. Por una razón que no sé, veía a mi amigo enojar a su padre con las respuestas cortantes que le daba. A mi lado mi amigo se había vuelto como un león. Aunque en realidad temía mucho a su padre, ante su comportarse así me asombraba, temía y avergonzaba a la vez, pensando: «¿por qué sucede tal disgusto justo ahora que estoy aquí?» Mientras tanto, probablemente para recalcar la ignorancia de su hijo, el padre preguntó irritado: «Dime entonces, ¿cuántas clases de carbón hay?» Porque su padre era profesionalmente vendedor de carbón. Y él enseguida dijo insolentemente: «Como con todo, dos clases», ante lo cual, mientras yo pensaba para mis adentros «ay, no supo responder», el padre continuó preguntando. Con un aire enojado pero como alcanzando su propósito, ante su pregunta «¿cuáles son?», nuestro amigo dijo descaradamente: «Buen carbón, mal carbón», ante lo cual no sé si reír o llorar. Era seguro que su padre, como yo, no había esperado tal respuesta. Cada vez que recuerdo este suceso todavía me río para mis adentros.
Pues bien, si partimos de aquella mentalidad de aquel amigo, ¿podemos también decir: «hay buenas organizaciones, estas son buenas; las malas organizaciones son malas porque están mal organizadas, o por un montón de otras razones»? Solo que no olvidemos enseguida esto. ¿Según qué damos, o daremos, esta nota de evaluación de buena o mala que hacemos o haremos? ¿Según el poder de crecimiento material de aquella organización? ¿Según la multitud de miembros que tiene? ¿Según su poder? ¿Según su tener voz entre ellos, ya en la política ya en las actividades internacionales? ¿Según su fin? ¿Según su plan y el objetivo conectado a él? ¿Según su ser muy popular? ¿Según su ser aprobada por todos, o por una masa muy grande? ¿Según el lazo de unidad entre sus miembros? Para acortarlo, diciendo etc. etc., y lo que sea que pueda contarse, ¿según cuál de todas estas cosas evaluaremos y podremos decir que una organización es buena o mala? Algunos pueden decir: «según todas ellas.» Si se piensa profundamente, en realidad tampoco es una pregunta fácil, ¿verdad?
En nuestra tierra casi todo ha sido organizado. No podemos acabar de contarlo. Dando unos pocos ejemplos podemos quizá clasificar solo las muy famosas. Actividades políticas, militares, religiosas, nacionales, comerciales, terroristas, parecidas a la mafia, deportivas, educación, salud, etc. etc. Ahora venid, bajo esta clase, dad una nota —bien organizada o mal organizada— a establecimientos, sociedades, ejércitos, religiones, políticos, terroristas, cazadores de hombres, los que trabajan ilegalmente, hospitales, instituciones educativas, organizados por cualquier razón. Mientras aquel establecimiento organizado saca una nota muy buena según algunos, según otros es un establecimiento muy terrible, peligroso y que debe ser destruido. Mientras algunos se sacrifican a sí mismos, incluso su vida, por aquella organización, otro abre guerra contra aquella organización y se sacrifica por esta causa.
Aunque el mecanismo de funcionamiento de todas ellas en cierto sentido se apoya en los mismos principios, de entre estas clases daré el peso de nuestro tema a las organizaciones religiosas. Con las clases que conté amplié especialmente el área de efecto de este tema. Más que atraer el interés del lector, quiero recalcar que este tema concierne a cada humano personalmente. Todos nosotros, todos los pueblos y naciones del mundo, estamos bajo el efecto de estas organizaciones. Toda la humanidad vive dentro de las áreas de este efecto. En este efecto, ¿en qué clase organizada entran las personas? Si entran bajo el efecto de solo una o dos o cientos de clases y no de las otras, no haré la discusión de eso. Pero como dije, toda la humanidad vive bajo el efecto de estas cosas organizadas. Quiera o no, uno va al lugar de trabajo establecido bajo aquel efecto y trabaja. De nuevo uno comercia, construye o demuele, recibe educación o da educación, ayuda o recibe ayuda, y demás, con muchos lugares que están en esa área de efecto. Si todavía hay un humano en nuestro mundo que vive solo como Robinson en una isla no lo puedo saber; si lo hay, es una excepción. Para la persona que vive sola, sin ninguna relación con nadie de ningún modo, podemos decir que vive fuera del efecto de las organizaciones. ¿Qué quiero decir con este escrito mío? Sin hacer esto más misterioso, entremos enseguida en el fundamento del tema.
En realidad, como dije arriba, lo que atrajo mi interés a este tema es que la palabra organización no aparece ni una sola vez en ningún escrito sagrado. En los Escritos Sagrados, la palabra cigarrillo o teléfono tampoco aparece en absoluto. Porque en aquellos tiempos no había tal cosa llamada cigarrillo y teléfono, por eso no aparece. Si Dios es un Dios organizador, es más, si, como algunos afirman, esto es un rasgo Suyo; de esto no podemos decir que era una cosa desconocida o inexistente en aquellos tiempos como el cigarrillo, el teléfono. Al menos, ¿no debería haber otras palabras, u obras que hizo en esa dirección, que prueben que Dios tiene este rasgo? Me pregunté por qué estas cosas no aparecen en los Libros Sagrados. En realidad la primera y más importante razón es que Dios nunca tiene necesidad de una organización y no organiza a las personas. No os sorprendáis enseguida; trataré de explicar la razón de esto tanto como pueda, haciendo incluso, a veces, repeticiones que parecen muchas y quizá innecesarias.
El fin de las organizaciones significa primero planear algo y luego hacer esfuerzo para realizar ese plan. Esto es así sea cual sea el fin. Dios y el humano que Él creó, en cambio, no pueden tener necesidad de una organización. Porque Dios ha colocado Su voluntad, Sus mandatos, en las mentes y los corazones de Sus criaturas, y ellas los hacen naturalmente y con gusto. Esta voluntad forma su estructura. Esto tampoco significa que sean robots creados o animales que actúan por su sexto sentido. Lo hacen porque es correcto, usando su inteligencia y sus capacidades, con gozo y con gusto. Si, cuando miramos el mundo de la humanidad, vemos que esta situación es exactamente lo contrario, es a causa del permiso de Dios a Satanás (él fue una vez un ángel) y del que Satanás tome el mundo bajo su efecto. Esta frase que ahora uso puede parecer cómica al punto de vista general del mundo. Como he dicho desde el principio, escribí este escrito con el fin de resolver qué clase de relación tiene la organización con Dios. Para las personas que creen en Dios según su propia cabeza, o no creen en absoluto, el significado de este escrito es muy podrido. A los que quieren conocer la verdad imparcialmente, les contendrá información no tanto interesante como salvadora de vidas.
Sí, como dije, el que Dios haya colocado Su voluntad en las mentes y los corazones de Sus criaturas no las hace un robot. Sabemos que Dios dio a nosotros la humanidad y a las criaturas espirituales en el cielo también la libertad de elegir el bien y el mal de los escritos sagrados, de hacerlos o no hacerlos. Puesto que hacer la voluntad de Dios está escrito en nuestras mentes y corazones, ¿cómo es que podemos hacer lo que es malo?
En realidad, para que un humano sin defecto, es decir, sin falta, haga esto, debe forzarse a sí mismo. Los primeros humanos Adán y Eva eran sin defecto. Su perder sus rasgos de no tener defecto al ser desobedientes no fue solo por su forzarse a sí mismos a hacer esta obra equivocada; leemos y sabemos de nuevo que un efecto que viene de fuera también los forzó. Es seguro que el efecto que vino de fuera era una criatura espiritual muy sabia, astuta y poderosa. Una serpiente o un animal no podría haber engañado al humano, que tiene una creación muy superior a él en inteligencia, conocimiento y experiencia. Pero en los Libros Sagrados leemos que Satanás, que tenía un nombre en el sentido de uno que se levanta, se rebela contra Dios poniéndose contra Dios, mientras era un buen ángel hasta que se halló culpa en él, hizo esto. (Ezequiel 28:11-19) De lo contrario una serpiente no es ni una criatura que habla ni una que piensa con tales rasgos. Pero Satanás, mientras hablaba con Eva, con el fin de afectarla más, eligió un espectáculo como haciendo hablar a la serpiente. Para decirlo breve y concisamente, también podemos decir que «engañó». (En las Sagradas Escrituras todo el capítulo 3 de Génesis, Apocalipsis 12:9; en el Corán los versículos del 11 al 25 de la sura Al-A'raf, la 7ª sura, y Ta-Ha, la 20ª sura, del versículo 115 al 124.)
Ahora podéis preguntar qué conexión tienen estos datos con la organización. Si nuestro fin es investigar qué significa el pensamiento de organización con Dios; entonces tenemos necesidad de aunque sea un poco de información sobre la identidad de Satanás, que es enemigo de Dios. Si, como muchos afirman, decimos: «no creo en lo que no veo», o si solo lo que vemos con nuestro ojo nos afecta, entonces nuestra área de efecto en el conocimiento queda solo en aquella serpiente que habla. Y durante miles de años, al meter estas cosas en las mentes de nuestros hijos con un entendimiento como si estuviera escrito literalmente, en realidad nos hemos vuelto, a sus ojos, contadores de cuentos. Mi fin no es solo mostrar a la persona detrás de aquella serpiente, sino esforzarme por sacar a la luz también la información sobre los fines de aquella persona, el camino que sigue y su área de efecto. Puesto que la tierra fue entregada a su mano por cierto período, significa que también tenemos un deber obligatorio de conocerlo. Porque, y por desgracia, hacemos muchas cosas porque él lo quiso así. O es que estas cosas que hacemos agradan no a Dios sino solo a Satanás. Aquí también escribo este escrito con el fin de separar las obras de Dios de las obras de Satanás unas de otras.
Puesto que, como mencioné arriba, la humanidad se volvió imperfecta, es decir, defectuosa a los ojos de Dios, naturalmente la voluntad de Dios, que colocó en los corazones y las mentes de las personas, empezó a funcionar ya no sin defecto sino defectuosa. Cuando miramos la historia de la humanidad no podemos ver, en ella, el orden que es la voluntad de Dios y que colocó en sus corazones. Porque funcionan de modo defectuoso. Si doy un ejemplo de los animales, quizá pueda contar mejor por qué Dios no tiene necesidad de organización y qué significa el dicho que adelanto —«Dios coloca Su voluntad en las mentes y los corazones de Sus criaturas»—.
Por ejemplo las abejas, las hormigas. Aunque no hay nadie sobre ellas que les ordene, diciéndoles haz esto así y aquello así, todas trabajan para el mismo fin y de modo ordenado. (Proverbios de Salomón, capítulo 6, versículos del 6 al 9.) El que las creó así es Dios. Y esto es solo dos clases de animales de entre millones que todos conocemos. Este orden sobre estos animales que vemos en la naturaleza, ni lo organizaron ellos, ni Dios los creó de un modo que necesitara una organización. La naturaleza que da paz y alivio a una persona —por mucho que nosotros los humanos nos hayamos esforzado por convertirla en infierno— este orden y armonía, que en algunos lugares todavía sentimos alivio solo con mirar, no es el éxito del pensamiento de organización. La mente humana organizada solo ha tratado de estropear esta naturaleza.
En realidad, no os sorprendáis en absoluto si digo que la organización es claramente un orden que usa Satanás. Porque, no siendo como Dios y no poseyendo tampoco el rasgo de la creatividad, encuentra el camino más fácil, para alcanzar su fin, en organizar. Por este camino también ha tomado el mundo bajo su efecto. Pensad en un presidente, o un rey, y un montón de personas bajo su mando. Aquí Satanás domina a aquella gran comunidad con solo unas pocas personas. Pero esta es una práctica muy contraria al principio y al fin de Dios. Dios nunca apoya esta forma, sino que solo la ha permitido. Veremos muchos ejemplos de esto en las Sagradas Escrituras, en la relación de Dios con Israel. En efecto, Dios por esta razón no estaba a favor de que ningún rey humano gobernara a Israel. Pero el pueblo de Israel viene a Dios y, insistiendo neciamente, dice: «Queremos absolutamente un rey sobre nosotros también, como las otras naciones.» (1 Samuel 8:4 al 22 y 10:17 al 20 y por favor leed y comparad todo el capítulo 12 también. Los que deseen pueden leer los versículos del 246 al 252 de Al-Baqara, la 2ª sura, en el Corán. Solo que, si no toman las Sagradas Escrituras en sus manos, tampoco entenderán mucho la conexión de aquellos lugares con nuestro tema.)
Los partidarios de la organización, al recalcar que el pueblo de Israel fue organizado siendo educado y puesto en orden con los mandatos que Dios dio por medio de Moisés, prueban, supuestamente, que Dios también apoyó lo mismo con esto. Su fin es, en realidad, como en el ejemplo de los israelitas, siempre nombrar sobre sí mismos un rey, un presidente, un gobernante. Yo solía pensar: «los que tienen esta enfermedad de gobernar siempre han sido una plaga sobre las personas.» Junto a que esto sea así, una verdad amarga también es que las personas que tienen la enfermedad de ser gobernadas son de un número mucho mayor. Vemos los ejemplos de esto claramente en las Sagradas Escrituras, de nuevo en la insistencia de los israelitas en hacer absolutamente un rey cuando no había rey sobre ellos, y en la historia de la humanidad. (Jueces 8:22-23)
Vengamos a si el fin de Dios en Su función en el tiempo de Moisés era en la forma de organización. A esto decimos claramente que no. El hecho de que haya palabras como orden, arreglo en los significados de diccionario de organización no significa que la mentalidad de organización haga todo estado de ser ordenado y arreglado. De nuevo, Dios es tanto ordenado como ha dado y da leyes, pero esto no muestra que esté a favor de la organización. Hablamos de conceptos y rasgos enteramente separados. Los que, confundiendo estos conceptos unos con otros, defienden el pensamiento de organización no son pocos. Afirman: «Si el orden y las leyes no se organizan en la forma de organización, no pueden aplicarse.» En cierto sentido hay orden, hay ley también, pero para aplicarlas no es necesario que haya allí una forma de organización. Pero las personas pueden ir al camino de organizarse a sí mismas, preguntando cómo pueden aplicarse este orden y estas leyes. Como es un camino muy fácil, también han ido a él. Y con esto han servido no a las personas sino a las leyes. Sin embargo, mientras las leyes supuestamente se promulgaron para que sirvieran al humano, vino un día y las personas se esforzaron por servir a las leyes. (Marcos 2:23-27) Junto a esto, como Dios siempre hace, estas cosas también pueden, sin ser organizadas, dejarse al conocimiento, la responsabilidad, la conciencia, la inteligencia y las capacidades de aquellas personas. Libremente, sin tener necesidad de una organización y una estructura. En efecto, en Israel, mientras Dios era rey y hasta que los israelitas quisieron un rey sobre ellos que era un humano como ellos mismos, fue así. (Jueces 17:6; 21:25; 1 Samuel 8:7-8) Es más, incluso Moisés, mientras estaba con el pecador y muy errante Israel durante 40 años en el desierto, nunca trató de gobernarlos en la forma de organización, o de hacerlos esclavos de Dios. (Deuteronomio 12:8) Como dijo Moisés: «Tampoco todos pueden hacer todo lo que es correcto a sus propios ojos.» Pero todos pueden ciertamente hacer las cosas que son correctas a sus propios ojos, a condición de no quebrantar la ley y el orden. Si volvemos a este dicho de Moisés escrito en Deuteronomio 12:8, digo que uno debe ser verdaderamente ciego para no ver esta verdad. Mirad, ¿qué dice Moisés en Deuteronomio 12:8?:
«No haréis según todo lo que hacemos aquí hoy; cada uno hace todo lo que es correcto a sus propios ojos.»
En realidad con estas palabras Moisés, mientras estaba con aquella nación terca, desobediente, de dura cerviz durante 40 años en el desierto, declaró claramente la manera de comportarse de Dios y la suya propia hacia ellos. En resumen, recalcó la libertad que aquella nación tenía. Aunque, cuando leemos los libros de Moisés, podemos llegar a la convicción de que Dios es muy duro, con estas palabras es también imposible no ver cuánta libertad da Dios en realidad. Dar libertad significa dar valor. Cuanto más se restringe la libertad en un lugar, menos valor se da a las personas que viven en ese lugar. Dios, en cambio, siempre ha dado valor al humano que creó. Aun si a veces aquella humanidad no era digna de ello. Al decir «Dios reina como rey sobre todo», no puede sacarse el significado de que Él hace esta obra en la forma de organización. Incluso en el Mesías, en la obra de convertir la tierra en paraíso como rey, nunca usará la forma de organización. ¿Cómo sabemos esto y podemos decirlo con certeza? Mirando las enseñanzas y el camino que Jesús el Mesías siguió mientras estaba en la tierra. (Mateo capítulos 5-6-y 7 - Juan 8:32)
Como dije, no hay que confundir algunas cosas. La diferencia entre un acuerdo, un contrato hecho entre dos o muchas personas, y conectada a ello la obligación de las personas de cumplir con él, y la organización, no puede compararse. Esto sería como comparar manzanas con peras. Sin embargo, hablamos de dos cosas diferentes. Los significados de diccionario de organización también se explican en esta dirección. Las personas pueden ver como necesario que se haga un plan para un fin, y que, para poner este plan en práctica, las personas sean organizadas, estructuradas. Este es un punto de vista, pero pisotea los valores humanos y los lleva a la forma en que está nuestro mundo presente. Un acuerdo, en cambio, es una responsabilidad que ambas partes aprueban y asumen. Como y por las razones que sea, un contrato bajo el cual se ha puesto una firma tiene responsabilidades que trae después. Se arrepienta uno después o no, las personas deben cumplir con él. Si la organización, la estructura, el establecimiento, etc., determinan un estilo de gestión, un acuerdo o contrato no tiene ningún parecido con esto. Hago un contrato con alguien sobre cualquier cosa, pero esto no me pone necesariamente en un lazo organizacional con él. Puedo pedir prestado, prestar, pero esto de nuevo no significa que esté organizado con esas personas, o que comparta las mismas instituciones organizadas con ellas. Pero un contrato tiene aspectos comunes que ligan a ambas partes una a otra. Porque ambas partes deben cumplir con el contrato hecho. Pero después de esto, sobre el tema de cómo cada una de las dos partes cumplirá ese acuerdo, pueden de nuevo quizá sentir la necesidad de organizarse, o pueden no sentirla. Esto es algo que cada una de las dos partes sabrá por sí misma. Es decir, para cumplir un contrato no es necesario ser organizado. Algunas personas, mientras cumplen una responsabilidad, un trabajo, un deber o cualquier fin, se vuelven esclavas de las reglas que han puesto; mientras que otras hacen esto libremente, sin permanecer ligadas a reglas-molde, usando su conocimiento, su inteligencia, su sentido de responsabilidad, su amor, sus modales, su deseo, su iniciativa, su honor, su conciencia, su fe, etc.
En una sociedad organizada, estructurada, las personas no tienen la libertad de decidir por sí mismas en muchos temas. Pero si cumple con el plan y los deseos de aquella organización, esto por supuesto es la excepción. Mientras se aplica ese plan, se dan órdenes a las personas y se reciben órdenes. Les guste o no, todos deben cumplir con ello. Ya sea que uno esté siendo organizado o en un acuerdo, debemos aceptar que ambas partes tienen responsabilidades que están obligadas a hacer. Si un acuerdo trae responsabilidad después, ¿por qué no habrían las personas de cumplirlo libremente? Pero una organización nunca da, no puede dar, libertad. Si la da, deja de ser una organización después de un tiempo de todos modos. Pues bien, ¿qué pasa? Ahora pase lo que pase. Y esto alarga nuestro tema y se sale mucho de él. Pues bien, ¿la diferencia está solo en dar libertad? Veamos si la diferencia queda solo en esto.
Dios hace un acuerdo con los israelitas. Bajo este acuerdo todo Israel y el pueblo mixto que vive con ellos también firman diciendo: «Sí, escucharemos todo lo que Dios nos diga.» En las Sagradas Escrituras, en los capítulos desde Éxodo capítulo 20 hasta el capítulo 24, con este acuerdo Dios dice de antemano lo que esperará de aquella nación y una parte de Sus condiciones también. En que aquella nación guarde las condiciones que dio y en su deseo de entrar o no entrar en este pacto, Dios quiere oír la voz de su libre albedrío. Pues bien, ¿qué dicen? Éxodo 24:3 está escrito exactamente así:
«Moisés vino y contó a la nación todas las palabras del SEÑOR y todos los juicios; y toda la nación respondió a una voz y dijo: Haremos todas las palabras que el SEÑOR ha dicho.»
Pero solo después de recibir esta palabra, Moisés sube al monte y permanece allí 40 días y 40 noches para aprender los detalles de otros mandatos que Dios dio que se apoyan en el mismo principio, y cómo los guardarán. (Éxodo 24:12)
También podemos asemejar esta situación a esto. Dos personas hacen un contrato. Una vende un coche a la otra. Hasta que el comprador paga el precio del coche que compró, ese contrato es válido. Es más, el que vende el coche es tan buena persona que incluso da ayuda material y moral para que el comprador pueda cumplir el acuerdo y no resulte mentiroso. Aquí, si queremos contarlo simplemente, Dios hizo Su acuerdo con Su nación Israel apoyándose en un principio similar a este, con tal fin. Al decir «Dios dio a Israel mandatos que deben guardar», los puso en un pacto de acuerdo similar a este. Y dio estos mandatos para educarlos en el camino de la vida. No para organizarlos. El montón de mandatos que necesitaban ser organizados —desde la tienda de adoración hasta los detalles que especifican cómo llevarían aquellos objetos santos— todos ellos eran para objetos, cosas, cosas sin vida, no para el humano. Cuando el humano entraba en el asunto, las leyes servían a ese humano, no lo esclavizaban. Si estas se usaron mal con el tiempo, la culpa no era de Dios sino de aquellas personas. Los sacerdotes y los levitas que los ayudaban fueron designados como representantes. Eran intermediarios en aplicar los mandatos de Dios entre Dios y la nación. No los que reinan sobre la nación. Su servir como jueces no significa que gobernaran como un rey. Ser juez no significa ser rey. Sí, si hay un rey, los jueces deben juzgar en consonancia con el fin de las leyes que el rey estableció. En Israel en aquel tiempo el gobernante más alto que podía llamarse rey era Dios de todos modos. Por esta razón el papel de los sacerdotes y los levitas como jueces, viendo los casos sobre la nación, no saca a la luz que fueran reyes. Entendemos su relación con el pueblo de Israel aún mejor del libro de Jueces. Jueces capítulo 17 versículo 6:
«En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que era correcto a sus propios ojos», —al estar esto escrito, vemos mucho mejor que aquellos sacerdotes y levitas que representaban a Dios no tenían el pensamiento ni el espíritu de organización. Porque dondequiera que hay un gobernante humano, allí también hay instituciones, personas organizadas. Si Dios los hubiera unido en la forma de organización, no habría permitido tal libertad como está escrito aquí. Por esta razón —es decir, porque cada uno hace lo que es correcto a sus propios ojos— ¿castigó Dios a estos? No, sino solo cuando dejaron a Dios y se volvieron a los ídolos; e incluso entonces, Dios la mayoría de las veces no los castigó, sino que solo los dejó, retiró Su mano de ayuda. Si Dios también tuviera el pensamiento de organización, nunca habría permitido tales cosas. Con estas cosas no quiero decir que Dios nunca castiga. Pero digo que en el pensamiento de organización no hay libertad, personalidad, fe, amor, misericordia y demás. La mentalidad de organización, al contrario, destruye estas cosas. En el pensamiento de organización hay tomar órdenes y vivir, pensar, hablar solo según esa orden. Esa persona no puede decir: «pero yo también pienso esto.» O ni siquiera puede decir: «hasta donde entiendo, creo así.» Y nunca le dejan decir: «mi alma quiere hacerlo no de este modo sino de aquel.» Sea la forma de organización una sociedad, militar, mafia o unida bajo el nombre de religión, solo hace esclavos a sus súbditos. Y con el tiempo, pero seguramente un día llega, desaparecen. Y el que destruye es de nuevo el humano mismo. Si escribo más claramente; una organización generalmente es destruida por los miembros dentro de ella que están ligados a ella. Pero esas personas después montan otra organización bajo otro nombre y como si fuera mejor; eso también es aparte. El resultado siempre es el mismo. Esta situación es como un círculo vicioso. Como dando vueltas alrededor de un círculo, la humanidad ha dado vueltas y vueltas siempre cometiendo los mismos errores. Por esta razón no es en vano que algunas personas lo cortan en seco diciendo: «La historia no es sino repetición (repetir las mismas cosas).» Y tienen razón también.
Porque la humanidad, hasta derribar a un rey tirano, se ha desgastado, ha dado tantas víctimas, y lo derribó. ¡Luego trajo otro rey sobre su cabeza! El sistema es organización, pero para ese momento los nombres son diferentes. Reinos, dictaduras, comunismo, etc. etc. quitaron y trajeron un orden democrático, capital. En realidad el sistema es de nuevo el mismo, organización. ¿No es seguro que los resultados también serán los mismos? Cuestión de tiempo. ¿Dónde están los Faraones de Egipto, el dominador del mundo? ¿Dónde están los asirios? Pues bien, los babilonios, o ¿dónde están los reyes medos y persas, sus ejércitos? Alejandro Magno, el Imperio Romano y tantos más, ¿dónde está su poder, su riqueza, su terror, sus apariencias deslumbrantes? ¿No eran todas estas naciones muy bien organizadas, dominadores del mundo, ejércitos? Todas estas naciones, ejércitos, con sus religiones, creencias, culturas, riquezas, que contamos y no contamos como organizadas, desaparecieron. El bloque comunista de nuestro tiempo también está entre estos. Pues bien, la América capitalista, ¿suponéis que permanecerá eternamente? Es más, está escrito en las Sagradas Escrituras que su fin vendrá de un modo aún más inesperado. ¿Cuál de todos estos nombres que contamos no estaba organizado? Y organizado de un modo llamado muy bueno además. Ahora no hay ninguno de ellos, y el fin de los que existen está cerca.
Dijimos que está escrito que el pueblo de Israel, en el tiempo de los jueces, «cada uno hacía lo que era correcto a sus propios ojos». Sin defender si el que cada uno haga lo que es correcto a sus propios ojos es correcto o equivocado, quise recalcar la libertad que tenían. En grandes sucesos, cuando la vida humana está en cuestión, el que toda la nación se reúna en un solo pensamiento aun así no prueba que tuvieran el pensamiento de organización.
Por ejemplo, mientras un hombre era huésped en la tribu de Benjamín, los benjaminitas violando a la fuerza a la mujer de aquel hombre y usándola mal hasta que murió. Luego todo Israel reuniéndose como si un cuerpo contra este comportamiento feo. Este tema se trata en los capítulos 19, 20 y 21 de la sección «Jueces» de las Sagradas Escrituras. Al hacer esto, no vemos que la nación llevara el pensamiento de organización. Había un problema y este problema fue tomado por todos ellos como si un hombre. Los temas en los que tenían dificultad para decidir también los resolvieron preguntando a Dios. Allí está escrito exactamente así:
«Toda la nación se levantó como si un hombre y dijo…» (Jueces 20:8)
En la organización esto no es así. En la organización, al contrario, un hombre se levanta y decide en nombre de toda la nación. Si hay un problema en la organización, ese problema se discute en secreto tras puertas cerradas por sus presidentes, gobernantes, personas de cierto privilegio, y se toman decisiones en esa dirección. Después de esto, al aplicarlo, no se quiere que nadie diga no. Todos, crean en esa decisión o no, la encuentren correcta o no, la acepten o no, están obligados a hacerla. Como los Testigos también, jactándose, se asemejan, trabajan según el orden de un ejército militar. Aquí no se refiere a los ejércitos en el cielo, sino a los ejércitos militares en la tierra, que ellos mismos ven como malos. Los Testigos muestran su orden como algo a tomar como ejemplo. Si todos los ejércitos militares están bajo el efecto de Satanás, porque los Testigos mismos dicen esto; entonces, según este pensamiento, no debería resultarnos difícil entender bajo el efecto de quién están organizados los Testigos. En realidad se juzgan a sí mismos con sus propias bocas.
Pues bien, ¿qué se le hizo a la comunidad que no había venido junto con toda aquella nación reunida en el tema que mencioné un poco antes del libro de Jueces? Excepto algunos de aquella comunidad que no había venido, todos fueron muertos, pasados a espada. Ahora una persona pregunta: «¿Qué hay aquí diferente del pensamiento de organización?» La primera mirada engaña a una persona y sacamos una conclusión como si fuera lo mismo. Pero mencioné arriba: «no confundamos acuerdo con organización.» El que los israelitas de aquel tiempo se reunieran como una nación en la investigación de tal sangre inocente derramada fue a causa del mandato que Dios había dado por medio de Moisés. El responsable de la sangre inocente derramada absolutamente tenía que ser castigado. De lo contrario Dios responsabilizaría a toda la nación por la sangre de aquella una persona. Esto estaba dentro de las leyes a las que respondieron «sí» en el acuerdo que hicieron con Dios. ¿Y no es apropiado el castigo del que no cumple con el acuerdo? (Deuteronomio 19:10; 21:1-9)
Inspiradas por este suceso, ¿no afirman ahora las organizaciones religiosas así también?:
«Nosotros también tenemos nuestras reglas y principios. Esto lo aprendemos y enseñamos claramente a una persona antes de que se una a nosotros. Después, quienquiera que no cumpla con estas reglas y principios, al castigarlo nosotros dentro de nuestra propia autoridad, ¿por qué no nos asemejamos a la organización de Dios, o por qué la organización resulta ser solo un método que usa Satanás?!»
La diferencia es en realidad muy simple pero necesita explicación. Primero, el castigo dado al culpable en el suceso que aparece en el libro de Jueces o en sucesos similares, cosas como reunirse, aun así no los hace una organización. Como dije, el orden de un deber, una responsabilidad, una justicia, una pena, o un amor, una misericordia etc. a cumplir no necesita necesariamente ser organizado. Segundo, así como ninguna organización en la tierra siempre dice la verdad a sus miembros, las palabras hinchadas de su decir «Les dijimos todo de antemano» son solo trampas preparadas para arrastrar a una persona a esa organización. Es más, en una decisión, ni siquiera condescienden a preguntar a sus miembros sobre ella.
Demos el ejemplo más simple; si es así o no, decididlo vosotros. Lo daré de nuevo de los Testigos de Jehová, que usan el nombre organización más entre ellos. Permitidme afirmar de nuevo, no me veáis de ningún modo, con estos ejemplos míos, como si estuviera contra solo ellos. Mi escrito aquí es válido para lo que sea que esté organizado y moldeado según ese orden —político, comercial, religioso, todos ellos. Si tomo cada uno por separado, no bastaría con escribir en un libro de mil páginas. Por esta razón generalmente hablo de una organización y sus ejemplos. El principio es en realidad el mismo y válido para todos ellos. En fin, vengamos al tema que afirmo y su ejemplo.
Es cierto que una persona pasa por una cierta educación hasta que la toman entre los Testigos. Esto se realiza, ya en casas, ya en salas de reunión, con las investigaciones que llaman «estudio», hechas juntos. Han organizado este trabajo así. Sea así, este no es nuestro tema. Escribo solo para que podáis hacer una imagen en vuestra mente de cómo hacen este trabajo. Por ejemplo, enseñan en sus publicaciones así:
Necesitamos analizar no solo las cosas que nosotros mismos creemos, sino también las cosas enseñadas por cualquier organización religiosa en la que estemos. ¿Son sus doctrinas enteramente conformes a la palabra de Dios, o se apoyan en las tradiciones de los hombres? Si amamos la verdad, significa que no tenemos razón para tener miedo de tal investigación. Aprender cuál es la voluntad de Dios respecto a nosotros y cumplirla debería ser el deseo sincero de cada uno de nosotros. Juan 8:32 (En el folleto publicado por los Testigos de Jehová, cuyo turco es «La Verdad Que Lleva a la Vida Eterna», en la página 13. Los Testigos solían jactarse de este libro de que, después de las Sagradas Escrituras y el libro de doctrina de Mao, era el tercer libro más numerosamente impreso en el mundo hasta ahora. En efecto ha sido impreso en cientos de millones y en muchas lenguas.)
Los Testigos, con muchos más ánimos e incitaciones escritos arriba como este, defienden que, si una persona ama la verdad, no debe evitar hacer preguntas e investigar su propia religión. Este esfuerzo dado en animar a las personas a estar tan ligadas a la verdad es una obra muy valiosa. Pero ¿qué dijimos?: «Una organización no aplica tales palabras hinchadas a sí misma, sino que las usa como cebo para atraer a uno a sí misma.» La situación es exactamente así en los Testigos también. Toda esta sinceridad, sed de la verdad, hacer preguntas sin miedo e investigar, etc., es solo hasta que uno se vuelve Testigo. Una vez que una persona entra entre estos, debe aceptar cada enseñanza suya de tal modo que, hasta su punto y su coma. Aunque aceptan que cometieron un error, si una persona dice que duda, no puede creer, cualquier enseñanza, al instante la echan de entre ellos, diciendo: «Al oponerse al canal que Dios personalmente usa, ya nunca podrá salvarse; Dios lo destruirá en el último día también.» Ahora ninguno de estos habla con él, le da un saludo, e incluso si pregunta el camino al azar no responden. Con el fin de defender su propia rectitud, también muestran, como prueba, versículos escritos sobre este tema por los apóstoles en el Evangelio. (Los versículos 9, 10, 11 de la 2ª carta de Juan.) Mirad, allí está escrito exactamente así:
En todo hombre que va adelante y no permanece en la enseñanza del Mesías, no hay Dios; el que permanece en la enseñanza tiene tanto al Padre como al Hijo. Si alguien viene a vosotros y no trae esta enseñanza, no lo recibáis en vuestra casa, y no le deis un saludo. Porque el que lo saluda se vuelve partícipe de sus malas obras.
En realidad este mismo versículo nos hace decir: «es una prueba de que esta organización no puede ser de Dios.» Porque los que no permanecen en la enseñanza que ellos mismos enseñan son en realidad de nuevo ellos mismos. Sus verdaderos deseos y prácticas en sus propios escritos no son sino decir: «¡investiga tu propia religión, pero de ningún modo a nosotros!» La diferencia entre sus enseñanzas y sus prácticas es terrible. Por esta razón cada Testigo con el tiempo nota esto: Incluso cualquier clase de pensamiento que parezca negativo hacia la organización basta para que te echen. Por esta razón, a pesar de un montón de sus errores deliberados e indeliberados, aunque nunca sienten la necesidad de disculparse sobre estos errores; lo que se espera de los miembros —«Aunque sea una mentira, tú cierra la boca y defiende la organización a cualquier costo»— este mandato lo llaman «unidad». Por esta razón sus superintendentes oradores, con un libro marrón que toman en sus manos en las asambleas, ¡incluso aplauden al que dice: «Si la organización dice que este libro es negro, este libro es negro»! Un lema muy famoso entre ellos también —«En vez de andar solo por el camino correcto, andaré por el camino equivocado junto con la organización»— estos pensamientos son todos este pensamiento e idea de organización que Satanás ha hecho aceptar insolentemente a la humanidad. En la Alemania de Hitler la situación no era nada diferente. Es más, en la administración de Merkel del siglo XXI la situación tampoco es diferente. El que llamamos dictador, Hitler también en realidad organizó su propia estructura con una expectativa del pueblo alemán exactamente como estos Testigos. La diferencia entre el régimen de Hitler y los Testigos es solo el poder. Si ellos también hubieran alcanzado el poder de Hitler de aquel tiempo, a mi juicio harían echar de menos a Hitler. Con estos dos ejemplos, tomando una organización religiosa y una política, no quiero decir que su aspecto común sea solo ser organizados. Quiero señalar que toman el poder de la política que siguen, que tiene la misma presión sobre las personas, de ser organizados. Con esto no entremos en la distinción de buena organización, mala organización. Porque ya sea buena o mala, todos los establecimientos humanos organizados toman órdenes de una sola fuente. Toda la mayoría restante debe aplicar esto. ¿Qué humano es sin falta y no peca? Si todo humano acepta que se cometerá error y equivocación, y cuando metemos dentro de esto también los males hechos deliberadamente, ¡venid entonces y aplicad con lealtad esa orden que sale! Puede ser, hay una enfermedad, pero nadie puede ser obligado a que esta enfermedad pase a todo humano. Si el 98 por ciento acepta una orden que sale o una decisión que se toma e incluso dos no la aceptan, la organización obliga a que la enfermedad infecte también a esas dos personas. Lo que traté de asemejar a la enfermedad eran nuestros pecados, errores, males. Y las organizaciones solo han logrado la propagación de estos. De nuevo, como dije, Dios odia estos pensamientos y sistemas y dice:
No seguirás a la multitud para hacer el mal; y no, desviándote tras la multitud, hablarás en un pleito para pervertir la justicia. Éxodo 23:2 Y de nuevo:
Si tu hermano, el hijo de tu madre, o tu propia hija, o la mujer de tu seno, o tu amigo que es como tu propia alma …dice, sirvamos a otros dioses, no cumplirás con él y no le escucharás; y tu ojo no le tendrá lástima y no lo esconderás… Deuteronomio 13:6-8
Aquí la diferencia entre Dios y la organización es así de clara. Las organizaciones defienden la unidad a cualquier costo; Dios, en cambio, defiende y manda la rectitud a cualquier costo. ¡Por supuesto, si queremos oír, ver! Dios nunca ha estado a favor de una unidad que no le agrade, que pisotee Sus principios y leyes, en consonancia con la multitud. No mira el número en absoluto, jamás. Cuando pensamos en el diluvio de Noé, antes de poner toda la tierra patas arriba Dios salva solo a una familia que puede contarse con los dedos, es decir, ocho personas. Antes de destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra, escogiendo a Lot y a sus hijas, salva solo a tres personas. Aunque el número de los israelitas que salieron de Egipto era de millones, Dios mete solo a dos personas de los contados en la tierra prometida. En el diálogo que tiene lugar entre Satanás y Dios, Dios, al decir: «En toda la tierra no hay ninguno como mi siervo Job», es un Dios que no siente vergüenza de que haya solo una sola persona en toda la tierra respetuosa de Su voluntad. Al contrario, aun si el número es solo uno, pero valioso, Dios se jacta de esa persona, porque es digna. (Génesis 7:1 y 23; 1 Pedro 3:20; Génesis 19:29; Números 14:26-30; Job 1:8) Para las organizaciones, en cambio, estos números son una mancha que enrojece sus rostros, les da gran vergüenza. Porque se jactan no con valores superiores sino con sus números, sus estadísticas, su fama y su riqueza. Y ven todas estas cosas como éxito.
¿No podemos también pensar así: «Qué conexión tiene mentir, la hipocresía con la organización?» Si una organización miente dentro de ella, esto es una cosa; mostrar la organización, en el sentido de la palabra, mala y equivocada es una cosa enteramente distinta. Permitidme dar aún otro ejemplo para que lo que quiero decir se entienda plenamente.
La policía, la gendarmería han sido comisionadas para prevenir la ilegalidad en la sociedad. Pero el que la policía, la gendarmería tomen sobornos, mientan, tomen partido lejos de la justicia, es equivocado. Sí, y con razón. Pero estas cosas no prueban que el deber de la policía, que ha sido comisionada para prevenir la ilegalidad en la sociedad, sea equivocado. Hay también, aunque sea en forma de pequeños grupos dentro de las organizaciones, los que cumplen lo que se dice al pie de la letra y nunca condescienden a mentir y demás. Y estos ni han engañado a nadie ni han recurrido a ningún otro fraude. Aceptemos que tales establecimientos organizados también existen y pueden haber existido, aunque sean muy, muy pocos. En realidad este es el estándar que todas las organizaciones quieren tener. Esto es lo que quiero contar bajo este tema. El problema no está en el mentir y actuar con hipocresía mediante fraude de los Testigos. El problema tampoco está en si esa organización es siempre correcta y honesta. El problema, ya sean los Testigos ya toda la humanidad, está en su ser organizados. Las organizaciones, aparte de la habilidad del microbio más diminuto que saldrá de ellas propagándose a máxima velocidad a todas ellas, solo socavan valores como el libre albedrío, la libertad y el ser gozoso en el humano. El humano puede desarrollar ese 90 por ciento vacío, sin usar de su inteligencia solo si es libre. Y Dios creó al humano para este fin. Si digo que las organizaciones fueron inventadas para destruir estas cosas enteramente, creo que de nuevo habría hablado correctamente. Puesto que las organizaciones están en la enfermedad del pensamiento-molde, se esfuerzan por hacer a las personas robots irreflexivos, de conciencia estropeada o que no sienten, desprovistos de la capacidad de decidir, sin sentimientos. Porque para ellas hay un objetivo, y sea cual sea ese objetivo, el humano está en el último plan. Más exactamente, para el gobernante de cada establecimiento organizado el humano es, en alcanzar ese objetivo, solo un obstáculo. Siempre miran al humano con este ojo y este entendimiento. Esto es algo como el mayor problema que un granjero que ama la leche y se gana la vida de ella ve como la existencia de las vacas. Al decir: «Ah, qué bueno sería si hubiera leche sin estas vacas», muestra, con el enfoque que tiene, solo qué y a quién valora. Por otro lado, si pensamos en un pastor que está ligado a aquellos animales con amor, la mayoría de las veces está ordeñando las vacas para que la leche no les pese. No ve ni la leche ni el dinero al más alto nivel. Los valores que tiene más alto son sus seres queridos, es decir, en este caso aquellos animales. Aunque Jesús dio muchos ejemplos sobre este tema, escribiré uno.
Por esta razón Jesús de nuevo dijo: «Verdaderamente os digo, yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí eran ladrones y salteadores, pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta. Si alguien entra por mí será salvado. Entrará y saldrá y hallará pasto. El ladrón viene solo para robar y matar y destruir. Pero yo vine para que las personas tengan vida, la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, deja las ovejas y huye. Y el lobo las arrebata y las dispersa. El hombre huye. Porque es asalariado y no siente preocupación por las ovejas. Yo soy el buen pastor. Conozco a las mías. Como el Padre me conoce y yo conozco al Padre, así las mías me conocen. Doy mi vida por mis ovejas. (Juan 10:7-15)
En el ejemplo que Jesús da aquí, habla del amor de un pastor que es tan grande como para dar su vida por las ovejas. Si notasteis este ejemplo, Jesús no habla de los problemas interminables de las ovejas, de cuánto cansan y estorban a su pastor, o de su necedad y demás. Porque el buen pastor en cuestión, mientras mira el objetivo, no ve el dinero, sus intereses, su propia gloria, o su vida; sino a sus seres queridos, es decir, solo a sus ovejas. Porque su felicidad también está en su amor por sus ovejas. Y su objetivo está en que ellas tengan vida, vida en abundancia.
Aunque escribí este tema de la organización muy brevemente en comparación con su contenido, aun así, después de leerlo hasta el final, tratad de hacer una imagen en vuestra mente.
La mayoría de las veces las personas han conocido a Dios como uno que continuamente las castiga cuando no guardan Sus leyes. Sin embargo, con el acuerdo que hizo, Dios ha dado a la humanidad leyes que proveerán solo beneficio y ventaja en el camino de la vida. Y en que guarden estas leyes Dios no fuerza a la humanidad, sino que da consejo de la siguiente manera:
Hoy tomo al cielo y a la tierra por testigos contra vosotros, de que he puesto delante de vosotros la vida y la muerte; la bendición y la maldición; por tanto escoge la vida. Deuteronomio 30:19.
Sin embargo el pensamiento de organización no da la libertad de elección, obliga. Como dije, por honesto que sea. ¿No da Dios también esa libertad, solo por cierto tiempo, al que no acepta Sus pensamientos? ¿Cuál es la diferencia? ¿Está la diferencia en la cuestión del tiempo y la tolerancia? Al final, ¿no destruyen tanto Dios como las organizaciones al que no cumple con sus pensamientos? Sí, pero Dios no hace esta obra en la forma de organización. No podemos de nuevo poner a Dios y a las organizaciones en el mismo recipiente solo porque ambos matan. En uno, la persona va a la vida o a la muerte libremente, con las decisiones que ella misma tomó; en el pensamiento de organización, las personas, sean buenas o malas, siempre hacen esa cosa bajo una presión y fuerza. Es decir, la persona la hace sin que ni ella misma sepa lo que estas cosas son y sin poder decidir. ¿Por qué odia el justo Dios este método? Porque está a favor de que lo que cada uno es sea claramente evidente. De lo contrario, ¿por qué permitiría Dios que Satanás gobernara el mundo? Y esto se logra solo con libertad, no con presión. El fin de Dios es dar gozo, libertad, eternidad. El fin del otro no es ninguno de estos y no puede serlo. Aun si lo quiere, no puede lograrlo.
Si vengo de nuevo a las decisiones dadas en pago de un delito, en el pensamiento de dar una decisión justa y condenar a un culpable a muerte, no está necesariamente el defender una organización. Es más, al contrario, ese juez debe tener un pleno sentimiento de libertad al decidir según el conocimiento de justicia y rectitud que tiene. Solo porque el juez condenó al culpable a muerte no significa que necesariamente apoye el pensamiento de organización. Así como el que Dios juzgue al culpable y lo condene a muerte no significa que tenga el pensamiento de organización. Que las organizaciones encuentren un tema de parecido relacionado con matar, dar una pena, y digan: «Ahí, nosotros también somos como Dios», sería completa absurdidad. En nuestro mundo hay muchos estados y estilos de administración. Como reino, dictadura, comunismo, democracia, etc. Aunque estos son diferentes unos de otros, el código penal existe en todos ellos. ¿Son todos iguales solo porque tienen un código penal? En realidad hablamos de cosas muy diferentes. Pero a causa de las educaciones al revés que recibimos y los sistemas distorsionados en la tierra, se nos hace difícil distinguir estas cosas, y las confundimos unas con otras. ¿Qué conexión tiene el que alguien cometa un delito y se dé una pena por él con la organización? No confundamos las leyes con la organización. Dios ha dado muchas leyes, esto es cierto, pero aun así no es un Dios organizador sobre los seres vivos que creó. Es más, odia el que se elija la forma de organización al aplicar las leyes que dio.
Si queréis, venid, supongamos también que la organización es útil. Asemejémosla a un medicamento útil para la humanidad. Por ejemplo, no podemos negar que la aspirina es útil para un dolor de cabeza. Pero las personas a quienes la cabeza nunca les dolerá en el paraíso tampoco tendrán necesidad de aspirina. Por mucho que una persona cuente los beneficios de la aspirina, esto es sin sentido para Dios y para Sus siervos en el paraíso. ¿Qué beneficio, para mí, de una cosa que nunca usaré? Una persona puede de nuevo decir: «nuestra cabeza duele ahora, así que la usamos para eso.» La aspirina era solo un símil; aun así, quedémonos con este símil. Los partidarios de la organización no dicen: «La aspirina la usan personas defectuosas, enfermas.» En el ejemplo que dimos, si la organización es aspirina: ¡dicen: «Dios siempre usa este medicamento, lo usará eternamente también y lo hará usar»! Los Testigos se desgañitan: «La organización de Dios siempre existió.» La absurdidad está precisamente aquí. Es más, muestran a Dios como si necesitara la forma de organización. Si continúo con el ejemplo de la aspirina, en resumen quieren decir, no solo ahora, «Dios usará esta aspirina eternamente.»
Digamos que hay una organización que concede mi rectitud en lo que he contado y acepta este pensamiento. Supongamos que ven el dominar a las personas en la forma de organización como un orden temporal. Aun si es así, nadie puede afirmar que este método será aceptado como correcto en acercar a las personas a Dios. Ni ahora ni en el paraíso. Y si lo hace, no puede esperar apoyo de Dios. En efecto es claramente evidente que ninguna religión ha visto tal apoyo. Si esto es una solución, un medicamento, Dios nunca tiene necesidad de este medicamento y no lo usa. Dios creó a las criaturas que creó de un modo que tendrían necesidad solo de Él mismo. No de un modo que tendrían necesidad del método de organización que asemejé a la aspirina. Si todo el mundo aplica este sistema de organizarse, esto no muestra que necesariamente hagan lo que es correcto. En un ejemplo, Jesús el Mesías dijo a las personas que se pusieron a probarlo las siguientes palabras, que nos exigen no confundir los asuntos del mundo con los asuntos de Dios:
Sus propios discípulos, a quienes enviaron junto con los partidarios de Herodes, vinieron a Jesús y dijeron: «Maestro nuestro,» «Sabemos que eres una persona honesta, que enseñas el camino de Dios honestamente, que no favoreces a nadie. Porque no haces distinción entre las personas.
Pues bien, ¿qué dices, dinos, es conforme a la Santa Ley dar tributo al César o no?» Como Jesús sabía sus malas intenciones, dijo: «¡Oh hipócritas! ¿Por qué me probáis? ¡Mostradme el dinero que usáis para pagar el tributo!» Le trajeron un denario. Jesús les preguntó: «¿De quién es esta imagen, esta inscripción?» «Del César», dijeron. Entonces Jesús les dijo: «Entonces dad al César lo del César, y a Dios lo de Dios.» Mateo 22:16-21
Ya aceptamos que los estados en la tierra, y quizá todo, funcionan en la forma de organización. No está en cuestión para nosotros los humanos salir de y librarnos de estas organizaciones. Sabemos que Dios también permite estas situaciones solo hasta cierto tiempo. Pero podemos estar seguros de que Dios recibe con odio nuestro recurrir a tal camino en nuestra relación con Él. Por esta razón, en algún lugar con estas palabras Jesús hace una distinción: los asuntos de Dios y los asuntos de las administraciones organizadas (el César).
En la historia, el sistema que, con sus estructuras de gruesos muros de piedra, cada una capaz de permanecer en pie al menos mil años, los tribunales de la inquisición de la iglesia cristiana amenazaron y asustaron a Galileo con cortarle la cabeza porque dijo «la tierra es redonda», y que forzaron a Galileo a retirar la verdad científica que planteó, es la organización. Dios, en cambio, nunca da tal pena. ¿Mató Dios a Sus ángeles porque tenían un conocimiento equivocado, una suposición equivocada? (Al-Baqara, sura 2:30; 1 Pedro 1:12; Efesios 3:9) No, en el paraíso tampoco matará a ningún humano porque tenga conocimiento equivocado. De nuevo, no confundamos el no tener defecto, es decir, la falta de defecto, con el conocimiento infinito. Pecar es una cosa; el conocimiento equivocado, la suposición equivocada es otra cosa. Esto lo había tratado bajo el tema de no tener defecto de todos modos.
Los que quemaron vivas a personas porque leían las Sagradas Escrituras, que declararon a los que tradujeron ese libro para que pudiera entenderse en su propia lengua hijos de muerte y los persiguieron, eran de nuevo estas iglesias cristianas organizadas. Pues bien, ¿qué les pasó a estas iglesias? ¿No están todavía en pie? Aunque sus funciones todavía son terribles, la historia escribe que, gracias a Dios, aquellas uñas largas suyas fueron quebradas. Vemos, aunque sea en parte, que esto es así en nuestro tiempo. Entre ellas hay algunas sectas diminutas que, de nuevo por ejemplo los Testigos, adventistas, bautistas, la iglesia libre, mormones, Kaplancılar, jomeinistas, etc. Aunque estas luchan con muchos sueños por alcanzar los poderes de la iglesia medieval, también podemos alegrarnos mucho de que no sean una religión mundial. ¡Pensad una vez, si los Testigos de Jehová fueran una religión mundial! ¿En quién quedaría una cosa llamada libertad? Cuando su número era de 4 millones, estaban echando de entre ellos a 36 mil personas cada año solo por esta razón. Por supuesto entonces esta forma de echar también cambiaría inmediatamente. Porque la autoridad que las leyes les conceden es solo esta por ahora. Si su número fuera de 2 mil millones, considerad cuánta sería su autoridad. Ahora si ponemos el asunto a proporción. 36 mil al año cuando 4 millones; si fueran 2 mil millones, 18 millones de personas tendrían que ser excomulgadas cada año. Dentro de estas cifras no hay asesinatos, robos, adulterio y un montón de delitos menores. Estos son solo personas que no creyeron, o no pudieron creer, la enseñanza de los Testigos, o que les dijeron: «Estáis equivocados.» Según este cómputo —y estos números estadísticos de los Testigos van más o menos al mismo ritmo cada año— significa que casi cada tres años la cabeza de tantos hombres como todo el estado de Turquía se va. Casi 60 millones de personas. ¡Mirad el éxito! Porque esta organización incluso se jacta con tales éxitos suyos. Dicen: «Hacemos todas estas cosas para que no se rompa la unidad», y sus propios miembros por desgracia aprueban este pensamiento también.
En un tiempo, una mujer miembro de los Testigos hace una queja a la organización. Está pidiendo permiso para separarse de su esposo. Porque los ancianos y las autoridades de su propia congregación dicen a aquella mujer: «Si te separas de tu esposo habrás pisoteado el mandato de Dios, y te echaremos de entre nosotros.» En el Evangelio Dios dice: «No mira con buen ojo, por cualquier razón, los divorcios que no sean por adulterio» (en Mateo 5:32). Su esposo también había tenido relaciones sexuales con una mujer, ¡pero anales!!! En otro ejemplo similar se habían tenido relaciones sexuales de hombre a hombre. Aún más repugnante, había los que a veces hacían este asunto con animales también. La organización responde, dice: «No, no puedes separarte»! ¡Porque en aquel tiempo no percibían tales relaciones como adulterio! ¡Y este es el supuesto canal de Dios!!!
El tiempo pasa, una era viene, y los pensamientos de esta organización también cambian, y concede a los que están en tal situación la posibilidad de poder divorciarse. Pero ¿qué se vuelve de los que, porque su estómago no pudo soportarlo entonces, no escucharon a la organización y fueron echados porque se divorciaron, las personas a quienes dijeron: «Dios te destruirá en el último día»? ¿Va alguien después y se disculpa, diciendo: «Cometimos un error»? No, al contrario, ¡para que esa persona venga, es necesario que ella se disculpe! «Porque el que nos deja ha probado en realidad que no nos es leal, que no vive en unidad con nosotros en toda situación», dicen estos. Es decir, puesto que se saca el significado de que «no son amigos leales», ¡para que esa persona que se fue sea aceptada de vuelta, es necesario que se disculpe! ¿Y cómo y con qué palabras debe hacer esto también? Por ejemplo, ¿debe decir así: «Lo sé, vosotros también ahora pensáis como mi pensamiento de aquel tiempo, pero pase lo que pase, no debí haberme adelantado a vosotros. De ahora en adelante estoy listo para ir incluso a la muerte con los ojos cerrados, solo que vosotros mandéis»? ¿O debe decir: «esto que hice no fue humildad, y al oponerme a vosotros me exalté a mí mismo»? Si no dice algo similar a estas cosas, no lo toman entre ellos de todos modos. El nombre y la forma de ser humilde es así, según ellos. Aun si conoces la verdad debes callar; no tienes derecho a ir adelante y andar. Pero debes ir a predicar cada día y hacer oír la verdad a las personas; ¡debes decir a las personas la verdad sin cansarte, sin desfallecer! ¡Me pregunto cuál verdad! Pero a los de dentro de tu propia organización, ¡de ningún modo hagas un sonido!!! ¡No te adelantes a ellos diciendo la verdad! Pues bien, aquellos burros que deben hacer todas estas cosas —¿por qué salen, o salieron, de su propia vieja religión? ¿No podía esperar la verdad allí también? ¿Por qué se adelantaron y actuaron insolentemente, diciendo: «No, nos escondisteis el nombre de Dios, no, nos mentisteis, nos enseñasteis mal, orasteis en una lengua que no entendíamos, adorasteis la trinidad»? ¡Así que esto se vuelve insolencia solo cuando se hace contra los Testigos, pero si se hizo contra otra religión ese Testigo es aplaudido en la asamblea! Si el nombre de obedecer a cualquier costo es humildad, si es paciencia, ¡por qué deben mostrarse estos rasgos solo al entrar en el partido de los Testigos! ¿No debe mostrarse la manera correcta de comportarse en todas partes, hacia todos? Aquí, en el pensamiento organizado no existe tal lógica. Se comportan así, tienen la lógica de que solo ellos tienen razón, y producen tales frutos también. Como dije, sobre este tema los Testigos son solo un ejemplo de entre decenas de miles.
Algunas personas, a pesar de todos estos ejemplos, pueden todavía decir: «¿Pones en el mismo recipiente a los dictadores organizados y a todas las religiones organizadas con el fin de servir a Dios también?» ¿Hay tal cosa? Es decir, ¿crees que hay una organización religiosa que sirve a Dios? ¿No es el fin, de todos modos, entender el significado de la organización? Por esta razón digo: «seguid leyendo.»
Por ejemplo, de un motor o una máquina siempre se espera que funcione. Lo mismo que los órganos, las organizaciones. El montón de partes de estas máquinas unidas unas a otras deben siempre llevar a cabo su función en armonía. Pero el humano no puede compararse con estas cosas. El humano es un ser creado como uno que tiene sentimientos y dignidad, capaz de pensar, que posee inteligencia, con libre albedrío. Asemejar las cosas sin vida, o al humano a una máquina o a órganos solo porque se mueven, es terrible absurdidad. Las organizaciones, en cambio, esperan que los miembros dentro de ellas trabajen en unidad como una máquina. Con esto —desde lo militar, a las religiones, fábricas, hospitales, terroristas, asesinos a sueldo, mafias, escuelas, estados y casi todo lo que lleva a cabo su función en la tierra incluido— quieren que todas las personas trabajen y funcionen siempre tomando una postura de su lado, como una máquina, un órgano, un motor. Así como se esperan ciertas cosas de un motor sin que nadie pregunte su estado y sus pensamientos, sin recibir de ellos ningún tartamudeo y objeción, las organizaciones también esperan las mismas cosas de sus miembros. Por supuesto una organización también ha dado derechos a sus miembros que son humanos. Como vacaciones, descanso, reposo, comer y beber. Hay una obligación de dar y hacer las mismas cosas a las máquinas también. Una máquina también quiere mantenimiento, reparación y energía. Las máquinas también, si no se descansan, si no se hace su mantenimiento regular, se averían muy rápidamente. Todo dueño de coche lo sabe. El fin de la criatura espiritual que llamamos Satanás es esforzarse por asemejar al humano, a quien Dios creó con cualidades muy superiores, a un robot, una máquina, un órgano, para detenerlo contra Dios. Por esta razón ha establecido su propio orden sobre toda la tierra. El orden más importante que usa es la organización. La organización es un orden destructor en cauterizar la conciencia de las personas para hundir todo el gozo, la felicidad, el espíritu, el amor, las capacidades de pensar, la capacidad de decidir de la humanidad, y lo más importante de todo, en el tema de la fe. Pero todos estos rasgos que conté, y lo que sea que no conté, si serán usados para el interés de aquella organización, entonces todo se recibe agradablemente y con amor. Pero cuando se usa la palabra «no» contra sus fines, sus objetivos, sus intereses, esto significa el fin de esa persona.
Después de este tema, bajo el nombre «¿A quiénes usa Dios?» escribiré otro pensamiento, de nuevo arrojando luz sobre este tema, muy ligados uno a otro.
¿No asemejó el apóstol Pablo también a todos los creyentes a muchos órganos en un cuerpo? (1 Corintios 12:12-31) En las Sagradas Escrituras se usan muchos símiles. A veces un pastor, a veces una oveja, a veces una semilla, a veces un granjero. El significado que yace bajo estos es importante, no aquellas cosas asemejadas. Pablo también, con aquel símil, da un ejemplo que apoyará lo que hemos escrito. Dice proteged, apoyaos unos a otros. Quiere decir, las capacidades de todos vosotros son diferentes, no os hinchéis unos sobre otros. De lo contrario no dice, si tu mano te hace un problema como los Testigos, córtala y tírala. O porque tu ojo es feo, sácalo. Al contrario, nos anima a mantenernos lejos de despreciarnos unos a otros, diciendo: «mostramos más cuidado a la parte de nosotros que es fea.» Con estas cosas el apóstol Pablo no dijo: «para que no se rompa la unidad, cubrid toda clase de inmundicia unos de otros y defendedlas también.»
De nuevo, para que no sea un pensamiento confuso, debo afirmar. Cuando Jesús dijo: «Si tu ojo te hace tropezar, sácalo; es mejor para ti entrar al paraíso con un ojo que ser arrojado al infierno con dos ojos», absolutamente no quiso decir que nos sacáramos el ojo. Porque mientras en las leyes de la sharía dadas por medio de Moisés se trata que el ciego, el cojo u otras personas con defectos no pueden servir en el altar, en otro versículo Dios manda, no abriréis una herida, una contusión en vuestro cuerpo. Con los ejemplos que dio, ¿pisoteó Jesús estos mandatos, o las cosas que quiso decir que debemos cortar y tirar eran, en vez de nuestros órganos, nuestros errores, nuestros malos hábitos? (Mateo 5:27-31; Levítico 21:5-6 y 21:16-24) ¿Quién se saca el ojo porque mira donde no debe mirar? ¿Cuál es más fácil, o inmediatamente aplicable? ¿Sacar el ojo, o dominar ese ojo?
A causa de la imperfección de la humanidad, es decir, su ser defectuosa, inclinada al pecado, y porque la tierra está en una situación terrible con el dominio de Satanás, las naciones, los estados encuentran el camino más fácil en ser organizados por muchas razones. (Lucas 4:5-6; Corán–Al-A'raf, 7ª sura del 11 al 18; Al-Hijr, 15ª sura 37-39) Aun si esta situación es difícil, digamos, está bien, puede entenderse. Pero absoluta y definitivamente no puede, ni debe, hacerse en nombre de Dios. ¿Y en nombre de Dios quién y para qué debe ser organizado? Si Dios quisiera, ¿no podría haber creado robots que trabajaran como nuestros órganos? Y no tengamos duda de que haría lo mejor. Sin embargo Dios crea al humano de un modo que se asemeja a Sus propios rasgos. No de un modo que se asemeja a un órgano, una máquina, un motor, un robot. Él es el Dios de los que lo buscan con un libre albedrío, con gusto y viniendo del corazón.
Las organizaciones tienen sus leyes, sus reglas. La Sharía también tiene sus leyes, sus reglas. La Sharía fue dada a Israel con un acuerdo. Este era el acuerdo entre Dios e Israel. Aunque ley-Sharía no significa organización, su aspecto común es que son «reglistas». Mirad, ¿qué dice Dios sobre el tema de la Sharía?:
Porque todos los que son de las obras de la sharía están bajo maldición; pues está escrito: «Maldito todo aquel que no continúa en todas las cosas escritas en el libro de la sharía, para hacerlas.» (Deuteronomio 27:26) Es evidente que a los ojos de Dios nadie es contado justo por la sharía; pues: «El justo vivirá por la fe.» (Habacuc 2:4) y la sharía no es de fe; sino: «El que las hace vivirá por ellas.» (Levítico 18:5) Para que la bendición de Abraham viniera a las Naciones en el Mesías Jesús, y para que recibiéramos la promesa del Espíritu por medio de la fe, el Mesías, habiéndose hecho maldición por nuestro amor, nos salvó de la maldición de la sharía; pues está escrito: «Maldito todo aquel que es colgado en un madero.» (Deuteronomio 21:23)
Si la sharía es tan mala, ¿por qué dio Dios la sharía? Su respuesta es la siguiente:
Es decir, para que fuéramos contados justos por la fe, la sharía se volvió nuestro tutor (educador) para el Mesías. Pero puesto que la fe ha venido (la fe de ser conscientes de que somos pecadores), ya no estamos bajo el tutor. Porque todos vosotros sois hijos de Dios en el Mesías Jesús por medio de la fe. (Gálatas 3:24-26)
Mientras estos versículos nos recalcan cuán importante es la fe, al mismo tiempo también señalan que no seremos contados personas justas por las obras de la sharía. Porque ningún humano defectuoso, es decir, pecador, podía cumplir aquellas leyes sin deficiencia. Puesto que por esta razón Dios, con la sharía habiéndose vuelto maldición en el cuerpo del Mesías, nos salvó de la maldición de la sharía; porque la sharía trajo a la humanidad no vida sino muerte a causa de los pecados. Por esta razón Dios también, que odia todo lo que trae muerte a la humanidad, cancela este acuerdo que Él mismo dio. Si recordáis, había dicho: «no confundamos ley con organización.» Si Dios maldice el que la sharía traiga daño al humano a causa de aquellas leyes con las que nos educó, ¿con qué ojo mira a las organizaciones de las personas, que no tienen ninguna conexión con Su propia ley y con la rectitud? Como muchos musulmanes y en cierto sentido los judíos también montan en sus sueños, dicen: «el Corán ha traído de vuelta la Sharía.» Esta es solo una afirmación de los que no saben qué es la Sharía. De lo contrario el Corán no ha traído ninguna Sharía. Esta es solo una fabricación de judíos fanáticos, de los enfermos por la Sharía. Es posible leer estos problemas a menudo, miles de años atrás, en los escritos de los apóstoles en el Evangelio. Si leéis aquellos escritos, vosotros también veréis que los opuestos a Dios adictos a la Sharía todavía no han cambiado en nuestro tiempo tampoco.
Puesto que Dios, dando importancia a la fe, canceló la sharía junto con sus reglas, ¿trajo después una ilegalidad sin reglas, según nuestra cabeza? Mirad, leamos cómo nosotros los humanos, sin la sharía, sin ser organizados, haremos las cosas que son correctas:
…Y el Espíritu Santo también nos da testimonio; pues, después de decir: «El Señor dice: Este es el pacto (contrato, acuerdo) que haré con ellos después de aquellos días; pondré mis leyes sobre sus corazones, y las escribiré sobre sus mentes», dice:
«Y ya no me acordaré de sus pecados y sus iniquidades», dice. (Hebreos 10:15-17; 8:7-13; Jeremías 31:33-34) ¿Hay una organización que pueda lograr todas estas cosas?
La organización solo estropea todas estas cosas que se lograrán, y ¿no vemos, con sus ejemplos vivos en la historia y ahora, que las ha estropeado? Aquí comparé las leyes de la sharía con la organización para que entendamos más fácilmente cuál es el verdadero fin de Dios con nosotros. A mi juicio estas organizaciones religiosas son otra versión, muy mala, de la sharía que se apoya en mandatos humanos y en su forma de aplicación. ¿Es posible ligar a la humanidad a ciertas reglas, mandatos, presiones? ¡Y por otras personas que son como él mismo además! ¿Fue la humanidad creada así de simple? Cuando Dios dijo a Adán al principio: «Tened dominio sobre la tierra», con esto se refirió no al humano que es como Él mismo sino a los animales y las plantas que viven en la tierra. (Génesis 1:28 y 9:1-7)
La palabra del Señor está de todos modos esparcida por toda la tierra. Todos pueden la mayoría de las veces comprar Su palabra gratis o por una cantidad muy pequeña de dinero y leerla. Las Sagradas Escrituras y el Corán son la mayoría de las veces gratis; o se obtienen por el precio de dos, tres paquetes de cigarrillos. Si el fin es establecer una religión organizada para hacer oír esta palabra, para enseñarla, al contrario; esas organizaciones —digo una y otra vez— estropean el significado que estos Libros Sagrados dan, su contenido y la cosa que se quiere contar, y es claramente evidente que las han estropeado.
Los cristianos que vivieron a lo largo de los primeros tres siglos no tenían organización. Cuando fue aceptado por el estado romano como la religión del estado, esto también significó el comienzo de aquella era repugnante del cristianismo que vino después. ¡Porque empezaron a ser organizados! Un montón de lobos chupadores de sangre entró entre ellos. Produjeron un montón de rangos, enseñanzas absurdas. Papas, cardenales, obispos, monjes, monjas, la creencia en la trinidad, prohibir el matrimonio, la confesión, los tribunales de la inquisición, las cruzadas, las guerras, etc. etc. Conocemos sus frutos. Estos frutos son todos los frutos de la organización. Propagar este microbio que sale de una sola cabeza a tan gran escala se logra solo siendo organizados.
Puesto que las organizaciones son tan eficaces en propagar un mal microbio, entonces ¿no deben ser eficaces en propagar las cosas buenas también? Sí, las organizaciones parecen muy eficaces en alcanzar un objetivo rápidamente. Si el objetivo que se quiere decir aquí es Dios, Su gozo, Dios ha colocado de todos modos en nuestra creación estos rasgos que se esperan del humano. Ha dejado las responsabilidades, como lo rápido y lo lento de este asunto, a la propia persona de cada uno también. Porque no todo humano es uno. Sobre el tema de hacerlas o no hacerlas, Dios mira no a la fuerza, la presión, la amenaza, sino, como dije, solo a nuestro libre albedrío. Acercarse a Dios sin querer, con odio, en realidad nos distancia otro tanto más de Él. Aun si, con tal enfoque, suponemos que estamos ante Él cada día, noche y día, esto solo enoja más a Dios. Pero para las religiones organizadas esto es un gran éxito. Porque valoran solo la apariencia exterior.
Los rasgos que Dios valora, que hacen al humano humano, como contamos un poco antes, son los frutos (nuestras obras) que el espíritu da en consonancia con nuestros sentimientos y nuestras emociones, nuestras capacidades de pensar, nuestra inteligencia, nuestra capacidad de decidir, nuestro amor, nuestra conciencia y cosas similares. Mientras deberíamos dar gran importancia a usar estas cosas y a su desarrollo, todas las organizaciones trabajan para bloquear insidiosamente y destruir estas cosas. Incluso mandan claramente: «¡No pienses! ¡No decidas! ¡No escuches tus sentimientos y tus emociones en absoluto! ¡No desarrolles una idea por tu cuenta!» Diciendo: «Nosotros pensamos en tu lugar, decidimos, creemos y tenemos fe. Si necesitas sentir amor y odio, también daremos estas cosas, de nuevo del modo que queremos», quieren y esperan solo que se les cumpla, que se les obedezca incondicionalmente. Hacia los que muestran comportamiento fuera de esto, están siempre listos para hacer lo que sea el mayor mal que puedan. Y lo hacen tanto como su autoridad, su poder. Y de tal modo que, por cualquier razón, las personas que se oponen han, según estos, cometido una muy gran traición. ¡En esta situación quién querría ser un traidor!!!
Como toqué en cada tema, había defendido que debemos aceptar que todos nosotros la humanidad podemos cometer errores. Montar una organización significa que la persona a la cabeza o que será llevada a la cabeza tiene la autoridad de gobernar. ¿Cómo prueba este uno, tres, cinco o quinientas personas a la cabeza que son más inteligentes y sin falta que todas las personas en el mundo, que lo más correcto será lo suyo?! Aun si estoy muy por delante de un niño de 10 años en edad y conocimiento, ha habido veces en que vi que incluso ese niño de diez años tenía más razón que yo. ¿No nos han pasado tales experiencias a todos nosotros? Ahora, dependiendo de nuestro orgullo, nuestra arrogancia o nuestra humildad, hemos mostrado una reacción. Contando una experiencia que me pasó, trataré de ayudaros a entender qué cosas terribles pueden hacer las formas de administración organizadas.
Había alguien con quien investigaba las Sagradas Escrituras y el Corán juntos. También sé que con esta persona, con quien después me hice amigo, nos sentábamos en su propio lugar de trabajo hasta las cuatro de la mañana muchas veces y hablábamos de Dios. En realidad su conocimiento sobre Dios, su fe y, creo, su amor por Dios también ciertamente no eran como los míos. Con esto no aspiro a exaltarme a mí mismo y empequeñecer a esa persona. Si él también hubiera investigado como yo, dado su tiempo y su interés a estos temas, quizá habría tenido mucho más conocimiento que yo y podría haber estado por delante de mí en el tema de la fe y el amor también. Por ejemplo, mientras él vio las Sagradas Escrituras por primera vez en su vida cuando estaba conmigo, yo había leído e investigado las Sagradas Escrituras de principio a fin tantas veces que no podría saber el número. Es decir, sobre este tema era claramente, más allá de toda duda, más conocedor y experimentado que él. Más exactamente, así lo pensaba. Con aquel amigo hablábamos y discutíamos sobre todo tema. Pero en aquel tiempo, con mi haber sido afectado por los Testigos, el conocimiento que tenía sobre el tema de tomar y dar sangre era equivocado.
Que esto es equivocado lo puedo decir hoy tan fácilmente. Vivimos unos 19 años con esta creencia. Gracias a Dios, no nos sobrevino una necedad amarga. Tengo un hijo, y si la sangre hubiera sido necesaria para él como resultado de un accidente, ¡creo que me habría opuesto, hasta mi muerte, a que se le diera! Como digo, es bueno que no viviéramos tal suceso amargo. Pero hay decenas de miles, incluso millones de personas que viven así como Testigo de Jehová. ¿Sabéis cuál es lo más amargo? Es tu entender, viniendo un día, que aquella creencia tuya es infundada y que, en vez de ser aceptable a Dios, eres Su ira. Al mismo tiempo notas también que has sido engañado, te enojas terriblemente, eres presa de la rabia. Especialmente si has vivido un suceso amargo también. ¡Por ejemplo, si, siendo la causa de la muerte de tu hijo, a quien llamas tu único pequeño, de tu esposa, de cualquier otro que amas, al no haber dado esa sangre, y además luchando como un león fiel sobre este tema! Y luego notas que estabas equivocado. Por favor, pensad un poco en la conciencia que tendrías. Después de todas estas cosas, especialmente si una persona también es pobre en el tema del perdón, podría incluso hacer cosas mucho más enloquecidas. Como digo, es bueno que un suceso amargo sobre este tema no nos sobreviniera. Sí, sobre este tema de la sangre aquel amigo se oponía fuertemente y defendía que estaba a favor de tomar sangre y salvar la vida. Y yo, supuestamente con pruebas de las Sagradas Escrituras y hablando de que la medicina y los médicos de nuestro mundo en cierto sentido son humanos y de sus errores, me esforzaba por que él tuviera la misma opinión y creencia sobre el tema de la sangre que yo. De todos modos, sobre este amigo, ya en temas que enseñé bien ya en temas que enseñé mal como este, no puedo decir que tuve éxito. Mientras digo, gracias a Dios fue así sobre la enseñanza del tema de la sangre, quisiera decir las mismas cosas sobre otros temas también, pero por desgracia. De todos modos, aun así, uno nunca sabe.
Ahora vengamos al punto más vital del tema. Imaginad que yo, sobre este tema en el que creí con el corazón más sentido y sinceridad, hubiera sido el presidente de una organización religiosa. ¡Aquel amigo habría sido quemado! Él, y su familia, y miles también. Porque yo creía así, y para aplicar esta creencia habría querido que todos fueran como yo. Y con la mejor intención además. Aun si no tuviera el más mínimo interés y mala intención, habría hecho todo lo que pudiera para que todos vinieran tras de mi falta de cabeza. Ahora no sé qué habría hecho en consonancia con mi conocimiento y mis creencias. Si digo que consentiría incluso a la muerte de mi hijo, ahora pensad vosotros el resto.
Hay una religión y está organizada. Digamos que yo también soy su presidente. Una religión que tiene millones, incluso miles de millones de miembros. Por buena persona que sea, y por mucho más conocedor que los demás sobre religión y Dios que sea, visteis el resultado con el ejemplo que di. Hasta hace muy poco tiempo tenía tal creencia burrescamente sobre este tema de la sangre. Vino un tiempo, una era cambió, noté mi burrez. Mientras escribía estos escritos me dije a mí mismo: «es bueno que no sea el presidente ni nada de tal religión.» No aceptaría tal necedad en dominar a las personas con las responsabilidades de ser presidente, gobernante de todos modos; en fin, no importa. Pero ¿sabéis cuántas personas hay en la tierra ávidas de tales obras y enfermas por estas obras? Aquí, ser organizado logra solo esto. Y esforzarse, diciendo proporcionaré la unidad en esa organización, requiere solo asesinato, monstruosidad, odio y un corazón de piedra sin entendimiento. En los gobernantes de todos los establecimientos organizados también estos rasgos están presentes muchas veces. E incluso si al principio no tienen tal corazón, ser organizados, con toda clase de presión, voluntad, viniendo un día, amenazarán a esos gobernantes incluso de muerte para que ellos también tengan esta actitud mental, y si es necesario incluso los destruirán. Es decir, no son solo los gobernantes a la cabeza los que hacen mala la organización. En su función, ya seas la cabeza ya la cola, seguramente viniendo un día, te ahogará y te tragará a ti también. Por ahogar, por tragar, lo que se quiere decir es el venderse de una persona, el traicionar a Dios, el ser forzado a pisotear los valores superiores aunque no lo quiera. Y esto se logra solo organizando a las personas.
En el tiempo de Hitler, el tema que una mujer ingeniera judía que trabajaba en un campo judío insistentemente quería que hicieran en una construcción se anuncia al comandante del campo. El comandante del campo escucha a la ingeniera y luego hace fusilar a la ingeniera allí mismo y dice a sus soldados: «Aun así, haced el trabajo del modo que ella dijo.» Esto también es la manera de conceder rectitud de un régimen dictatorial organizado. Concede rectitud, pero matando. Mata porque, diciendo: «¿Cómo puedes oponerte a nosotros?» De no haberse opuesto la ingeniera, aquel lugar construido neciamente se derrumbaría. Esta vez la ingeniera de nuevo sería muerta. Porque, aunque la responsabilidad era suya, por qué no hizo lo correcto, o hizo mal su trabajo. Según este suceso, hacer lo que es correcto y oponerse a su necedad significa muerte también, y callar y no oponerse significa muerte también. Ahora alguien dirá de nuevo: «Hermano, ¿por qué ligas la organización a la enemistad, el odio, el asesinato y la matanza del ejemplo que diste?» Cierto, en apariencia exterior parece no haber conexión. Solo no olvidemos, si esta enemistad, este odio, esta monstruosidad se ha vuelto el deber de cada una de aquellas personas, el organizar esto por un puñado de hombres que lo tienen así en sus mentes lo ha logrado. La mentalidad de aquellas pocas personas ha sido, por ser organizada, impuesta a toda una nación, y con el entendimiento de deber, patria, nación además. Las mismas cosas se viven de nuevo en la Alemania de hoy, pero este no es nuestro tema. Sin embargo, de no haber sido organizados, todos estos sentimientos negativos habrían desaparecido solo junto con un puñado de hombres. Pues bien, ¿qué habría pasado si aquel puñado de hombres fuera bueno? Primero hagamos esta pregunta: «¿Hay un humano bueno?» ¿No dijimos que no hay tal humano en la tierra a causa de nuestros pecados? Dios también dice esto claramente. (Salmos 53:2-3) E incluso si fueran de buena intención, a lo sumo serían de nuevo como nuestro mundo. ¿Qué estado, país o nación en nuestra tierra puede mostrar alguien como ejemplo a la humanidad? ¿Decís: «cada uno que ama su patria, su nación»? Puede ser, pero aquí hablo de valores humanos imparciales y superiores, divinos; no defiendo una ceguera parcial, egoísta.
Si todas las verdades son así, ¡venid entonces y organizad a la humanidad, diciendo la acercaré a Dios! Como digo, esta mentalidad de organización siempre ha destruido a la humanidad. Si todavía no hemos desaparecido todos, la primera y mayor razón es Dios, y la segunda razón es que las personas no escuchan exactamente las órdenes de aquellas organizaciones; que usan su iniciativa, su conciencia. Y generalmente las leyes de los estados no entran, como los religiosos, en la sangre de un hombre, su ropa interior, su riñón, su espíritu; de vez en cuando dan libertad. Esto también alarga la duración del asunto de desaparecer. Es decir, lentamente causa dolor y tortura. Es como alguien con una constitución muy fuerte que tiene cáncer. El cáncer matará al paciente, lo matará, pero la constitución sana alarga el tiempo y solo hace que el paciente sufra más dolor, eso es todo.
Nos topamos con otros ejemplos similares en el islam después de la muerte de Mahoma. Si Mahoma hubiera sido inspirado por Satanás, ciertamente habría inoculado esta idea de organización a los que se hicieron musulmanes mientras aún vivía. Pero no, la pelea de «quién vendrá a la cabeza» empieza después de su muerte. Mahoma ni quiso tal cosa ni dijo «hacedlo». Por esta razón los musulmanes todavía están en una guerra. Las sectas, las separaciones, los odios, los derramamientos de sangre todavía provienen de su estar a favor de poner un presidente sobre su cabeza y ser organizados. El fin es el deseo de hacer a las personas esclavas de sí mismos bajo el nombre de unidad. No a Dios, sino a sus propios deseos. Porque he dicho muchas veces que Dios quiere una adoración que viene del corazón. (Éxodo 25:2; Juan 4:23-24) Estos, en cambio, de nuevo, sin mirar en absoluto el corazón, la idea, la fe, la conciencia, el amor, el conocimiento del humano, el valor que da a Dios, quieren solo alcanzar el fin que ellos mismos apuntan. Qué es ese fin que planearon, solo ellos y Dios lo saben. Pero esos miembros burros no lo saben en absoluto y tampoco quieren saberlo. Y lo que yace detrás de todas estas cosas es Satanás. Como dije, puesto que para él gobernar a unas pocas personas es más fácil que gobernar a unos pocos cientos de millones, siempre ha recurrido al método de organizar todo. Que, bajo esta palabra, cree en las mentes de las personas asociaciones como ser ordenado, arreglado, exitoso, es una habilidad suya también. Así pues, cuando uno dice organizar, ¿qué se evoca en vuestras mentes?
Con estos escritos que he escrito, no quiero decir: «dejad a la humanidad a sí misma y que cada uno haga lo que quiera, o no lo haga, corte, cuelgue, robe, golpee.» Tampoco digo: «todo sentimiento, pensamiento, voluntad, inteligencia y capacidad de decidir de las personas siempre es correcto y funciona sin defecto.» Oponerse al pensamiento de organización no significa defender la ilegalidad. Si hay una rectitud, si una cosa que debe hacerse debe hacerse, y si, detrás de todas estas cosas, el objetivo es acercarse a Dios y amarlo, digo que esto absolutamente no es y no puede ser en la forma de organización. Por un corto tiempo, pueden parecer exitosos solo a los que los miran desde fuera. Pero su esencia y su interior están llenos de secreto, hipocresía, fraude, ostentación. Con estos rasgos no se acerca uno a Dios, sino que definitivamente se distancia de Él.
Puede ser, quizá nosotros también podamos ser miembros de una religión, secta u orden que trabaja en la forma de organización sobre el tema de la fe en Dios. Pero cada uno debe quitarse su vieja personalidad pecadora y equivocada de sí mismo tal como es. Como dijo Jesús: «El que quiera venir tras de mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz cada día y venga tras de mí.» (Lucas 9:23)
Dar a establecimientos que han apuntado a trabajar como un órgano y llevan a cabo su función en la forma de organización el amor, la obediencia, la confianza y la fe que deben darse y mostrarse solo y solo a Dios, es, a mi juicio, no apropiado para la humanidad.
Hay seguramente un yugo. Es decir, la cosa que se pone en el cuello de aquel animal para arar el campo, o para que tire del carro, se llama yugo. Que esto es una carga es por supuesto seguro. ¿Quién querría poner un yugo en su cuello y tirar de una carga? Jesús el Mesías expresa esta verdad así:
«¡Oh todos los cansados y los de carga pesada! Venid a mí, yo os daré paz. Soy de carácter suave y humilde. Entrad en mi yugo y aprended de mí, así vuestras almas hallarán paz. Mi yugo se lleva fácilmente, y la carga que daré es ligera.» Mateo 11:28-30
Una y otra vez no olvidemos nunca esta verdad; seguramente, pero seguramente, Dios creó a las personas de un modo que necesitarían de Él mismo. Es decir, ninguna criatura puede continuar su existencia sin Dios. Este es un rasgo que pertenece solo a Dios. Algunas personas, mientras dicen: «Seré libre», tratan de romper todos los yugos. No puede haber tal cosa absurda. Nadie es libre en ese sentido en la tierra. Ya sean reyes ya esclavos, todos ellos tienen yugos que deben cargar. Todo humano vive bajo una administración estatal. Quiera o no, da tributo a esa administración, debe cumplir con sus leyes. De nuevo, le agrade o no, es gobernado por esas personas. Para los gobernantes tampoco la situación es muy diferente. Ellos también tienen a quienes deben dar cuenta, y están aterrados unos de otros. La libertad entre ellos se asemeja a la guerra de lobos hambrientos. Por mucho que se hagan llevar sobre la espalda del pueblo, ellos tampoco tienen plena libertad. Es más, a veces son mucho más esclavos que las personas corrientes. Ni siquiera pueden salir a tomar aire cómodamente. En resumen, quienesquiera que seamos, estas son cargas colocadas automáticamente sobre las personas de nacimiento o después. No quiero entrar en un tema de si es correcto o equivocado; pero con esto quiero afirmar una verdad. Porque el Mesías Jesús conoce esta verdad, dice: «entrad en mi yugo y aprended de mí, vuestras almas hallarán paz.» Como digo, hay algunos yugos que una persona carga por obligación de todos modos. Como los tributos dados, la lucha de la vida, el servicio militar, la familia, la escuela, las obligaciones en el lugar de trabajo, etc. Pero aparte de estas cosas, sobre el tema de qué carga elegiremos de entre otras cargas que asumimos, generalmente tenemos una libertad. ¿Qué son estas cargas que asumimos por encima? Por ejemplo, casarse, tener un hijo, asumir deberes activos dentro de ciertos establecimientos, etc. Y lo más importante, pertenecer a una religión. Aun si no siempre dan esta libertad, aun así podemos elegir. Por esta razón, si prestáis atención, Jesús el Mesías dice «entrad en mi yugo». Esto es algo que una persona debe hacer con un libre albedrío. De lo contrario no diría «entrad», diría «yo os pondré mi yugo». En uno se hace libremente, mientras que según la otra expresión se hace por obligación, o sin que se pregunte la idea y el deseo de esa persona. Y sobre nosotros, sin que se nos pregunte así, por la fuerza, muchos más yugos que no he contado aquí han sido colocados de nacimiento.
Dios, en cambio, puesto que es un Dios que da libertad, quiere que Sus siervos también vengan a Él no por la fuerza sino con gusto. Nunca recurre al camino de organizar. Cuando leemos sobre Jesús el Mesías en los Evangelios, ya sean los discursos que dio a miles de personas, las ayudas que hizo, o su alimentar y saciar a miles de personas, ninguno de ellos se realizó de un modo organizado. Al contrario, estos sucesos siempre tuvieron lugar en ese momento, sin esperar y con los propios deseos de las personas. Jesús no dio a nadie una cita. Tampoco dijo: «id hoy, venid en este día.» Y nunca, jamás quiso que sus discípulos hicieran algo y lo siguieran con presión, amenaza, fuerza bruta. Ni los puso bajo tal obligación. Podemos entender el valor que dio a las personas también de las preguntas que les hacía. Su fin era asegurar que las personas, usando sus propias capacidades, vieran las verdades. No echó ni envió vacío a nadie que vino a él. Y a los que no lo quisieron y lo dejaron, de nuevo los dejó a su propia voluntad. Porque si quisiera aplicar presión, ¿puede haber alguien que pueda aplicar presión mejor que Dios? Todos saben que no hay igual a Él en fuerza y poder. Y si es para asustar, de nuevo sobre este tema la mayor superioridad es siempre de Dios. Más exactamente, ¿a qué podemos asemejar a Dios, y con quién podemos compararlo? Con nadie, porque no hay igual a Él. Con el crearnos el Señor a Su propia imagen, nos dio, a nosotros Sus criaturas, de Sus aspectos, Sus rasgos que se asemejan a Él mismo. Como todos aceptarán, el creador nunca puede compararse con la criatura. Nosotros, en cambio, al aplicar presión a las personas en nombre de Dios, ¿suponemos que lo protegemos? ¿O suponemos que lo representamos con celo? Al dar penas a otros, ¿lo vemos como si Él nos hubiera designado como juez? Con nuestras obras, nuestras palabras, la actitud de nuestro corazón, nuestra vida, y tan lejos de Él además. (Mateo 14:13-21; 15:29-39; 20:29-34; Juan 6:66-69)
Junto a todas estas cosas, aunque Dios quiere atraernos a Sí con un libre albedrío, tampoco obligará a los que no vienen a Él y que odian Su orden, pero seguramente, viniendo un día, los destruirá. Sobre este tema están escritas las siguientes palabras:
Porque el que me halla halla vida, y gana el favor del Señor. Pero el que me ignora se daña a sí mismo; todo el que me odia significa que ama la muerte. Proverbios de Salomón 8:35-36
Pues bien, el deber de Jesús el Mesías como rey en los cielos y los 144 mil escogidos —y este número también puede ser simbólico— los que lo ayudan como reyes y sacerdotes, de convertir la tierra en paraíso —¿no es esto también una forma de organización? Oigamos la muy hermosa respuesta a esto de Jesús mismo:
Ya no os llamo esclavos; pues un esclavo no sabe lo que hace su amo, sino que os he llamado amigos; pues os he dado a conocer todas las cosas que oí de mi Padre. Juan 15:15
Ellos asumirán el deber, junto con las personas, de convertir el mundo en paraíso dentro de este entendimiento. Y este deber estará escrito en sus corazones. No porque estén organizados. ¿Qué organización tiene un enfoque como el que dijo Jesús arriba?
Pensad en el trabajo más simple en vuestra mente. Quizá, con nuestro conocimiento acostumbrado, decimos: «ese trabajo, si no se organiza, simplemente no pasará y no se realizará.» No olvidemos que las cosas que nos parecen imposibles son posibles a los ojos de Dios. Aquí, por amor a dar un ejemplo, dije que haya cualquier trabajo muy pequeño en vuestra imaginación. Por ejemplo, ¿es el trabajo de hacer el mundo entero paraíso también un trabajo pequeño? No lo es; nadie afirmaría esto tampoco. Aquí, este deber Dios lo dio a Adán y Eva al principio mismo. ¿Qué les dijo? ¿Cómo los organizó? ¿O cómo iban a ser organizados mientras hacían este trabajo? Leamos de su lugar lo que está escrito:
Dios los bendijo; y Dios les dijo: Sed fértiles, y multiplicaos, y llenad la tierra, y sometedla; tened dominio sobre los peces del mar, y las aves de los cielos, sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra. Génesis 1:28
Todo este enorme mandato, dicho todo en una sola frase, ¿cómo iban a cumplirlo? No siendo organizados, sino con gozo. Porque las cosas que cumplirían este mandato estaban ya naturalmente escritas en sus corazones y sus mentes. Ellos, solo forzándose a sí mismos, dejando estos rasgos que tenían, por desgracia no obedecieron. Eso es todo.
Además, cuando Dios creó al humano, no dijo tened dominio unos sobre otros. En las Sagradas Escrituras está escrito: «Viene un día en que el dominio del humano sobre el humano se daña a sí mismo.» (Eclesiastés 8:9) De nuevo:
«…Porque DIOS ama al dador alegre», dice. (2 Corintios 9:7) La mentalidad de organización no puede lograr esto.
Puesto que esto estaba en sus mentes y su creación, ¿por qué fueron desobedientes? En efecto, una pregunta apropiada.
En realidad este mismo ejemplo de la primera humanidad prueba que Dios no los creó en el pensamiento de organización. Porque no eran robots que llevan a cabo mandatos. Una razón relacionada con la pregunta también era su ser engañados. Y para pisotear ese mandato tenían que forzarse a sí mismos. Se forzaron y lo pisotearon. Realizarían lo que hicieron y harían, teniendo un libre albedrío. Y no tenían en absoluto tal dificultad en aplicar los deseos de Dios, al contrario. La dificultad y el dolor también que les sobrevinieron gobernaron después de que se volvieron desobedientes. Se distanciaron de las promesas de Dios y solo se volvieron infelices. Su vivir eternamente felices y convertir la tierra en paraíso y tener dominio sobre ella tampoco podía ya estar en cuestión. Pues bien, con la desobediencia de Adán, ¿desapareció esta esperanza? No. Mirad, ¿qué dice Dios sobre cómo de nuevo convertirá esta tierra nuestra en paraíso, sin organizar, después de que los muertos sean resucitados? Escribiré de nuevo este versículo que di arriba:
…Pondré mi sharía dentro de ellos, y la escribiré sobre sus corazones; y yo seré Dios para ellos, y ellos serán una nación para mí. Jeremías 31:33b
De haber sido un Dios a favor de la organización, no diría la escribiré sobre sus corazones; como hacen todas las organizaciones, diría «haré que la escriban en los libros de la ley». Después del pecado de Adán, Dios dice palabras de naturaleza profética en consonancia con esta verdad a Satanás, y al mismo tiempo a la humanidad y a los ángeles, y dice:
Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente de la mujer; él atacará tu cabeza, tú atacarás su talón. Génesis 3:15
Sabemos que un ataque al talón hiere, mientras que un ataque a la cabeza mata. Esta profecía relacionada con Satanás significa un fin abierto y claro, comprensible. Como algunos enseñan, ¿suponéis que Dios no sabía lo que Adán y Satanás harían, y de repente fue presa del pánico a causa de las cosas que vio?! A la cabeza de las organizaciones religiosas que propagan tales enseñanzas cómicas están los Testigos. Sin embargo, en la afirmación de Satanás relacionada con la humanidad, Dios, con confianza, sin ninguna duda —Dios no duda de todos modos, porque todo el futuro está abierto y claro al ojo de nuestro creador— por esta razón dice a Satanás: «él aplastará tu cabeza.» Si Dios dudara, diría: «Yo aplastaré tu cabeza.» Pero Dios está seguro de la obra que hace. Nosotros también podemos estar seguros, porque Sus promesas se realizarán. Y todas estas cosas tampoco son de un modo organizado, sino de un modo que Dios planeó. Y Él, como leímos, promete que realizará Su plan escribiéndolo en las mentes y los corazones de los que creó. De no haber estado esto escrito en las mentes y los corazones de Sus criaturas, el aplastamiento de la cabeza de aquella serpiente también sería una profecía falsa. Si Dios dice estas cosas al principio mismo del asunto, significa que está seguro de lo que colocó dentro y en nuestros corazones. Hasta ahora el que Dios haga una profecía falsa nunca se ha visto ni oído. Investigad y mirad en los libros, y si hay una, decídmelo a mí también.
¿Es mejor, más hermoso y, lo más importante, más dador de felicidad si una cosa se hace viniendo del corazón; o con mandato, presión, miedo? Por supuesto decimos viniendo del corazón. Aquí, este es el orden de Dios. ¿Hay una organización que pueda hacer, pueda lograr esto? ¿Qué dijo el sabio Salomón con el espíritu de Dios?:
El temor del hombre pone una trampa; pero el que confía en el Señor mora en seguridad. Proverbios de Salomón 29:25
Así pues, no es nada difícil entender cuánto está el Señor contra el pensamiento de organización. Las organizaciones, con amenaza, presión, fuerza, secreto, asustando, establecen su dominio sobre aquellas personas y, subiéndose a sus espaldas, quieren alcanzar sus objetivos. Y el objetivo es hacerlas servir solo a sus propios fines, que ellos mismos ni siquiera saben plenamente si son correctos o equivocados. Aquellas personas que llevan tras de sí —no, diré las personas a cuya espalda se suben y ponen en el lugar de burros— pues bien, nunca quieren tampoco que esas personas permanezcan siempre burros y se libren de caminar a cuatro patas enderezándose sobre sus pies. Si vais a afirmar lo contrario, ¡pensad de nuevo entonces y probadlo! Las personas se han empeñado: «Por favor traed sobre nuestra cabeza a alguien como nosotros que nos gobierne», o «traednos sobre vuestra cabeza; mirad qué bien os gobernaremos; y dejadnos toda vuestra fe, vuestro pensamiento, vuestra mente, vuestra alma. No temáis, daremos cuenta de esto.» Y la humanidad, con gran placer, llamó al nombre de este asunto ser organizada. Y han sido convencidas: «sin ser organizado nada pasa.» ¿Trabajan dos personas en un lugar? Han puesto a una tercera persona a su cabeza para organizarlas. ¿Sabéis cuántos organizadores tan así hay? Pero la humanidad también se ha acostumbrado tanto a esta situación que, si no pones a alguien sobre su cabeza, ¡también se han vuelto unos que no hacen nada! Y los partidarios de la organización, viendo esto, gritan a voz en cuello: «¿Visteis? Mirad, si no estamos nosotros nada se mueve.»
Los profetas de Dios y el Mesías están muy lejos del pensamiento y la actitud de organización. Como dije a menudo al contar nuestro tema, así como Dios no tiene necesidad de tal régimen de presión que traerá infelicidad, que impedirá el desarrollo en el humano, al contrario, Él ama al que, de Sus criaturas, da y hace con gozo según sus capacidades. Solo entonces sale la capacidad que cada humano tiene. La mentalidad de organización, en cambio, quiere ahogar y destruir valores como la capacidad, el conocimiento y la fe en todos, y reunirlos en una mentalidad que proviene de unas pocas personas. Y ve esto como un muy gran éxito.
Pues bien, ¿por qué siempre vemos las cosas organizadas como presión?
No solo en temas espirituales, sino en realidad incluso en cualquier trabajo, organizar a las personas la mayoría de las veces no da gozo. Porque cuando un plan que se ha hecho se pone en práctica, la organización determina a los que deben trabajar en este trabajo, no las personas mismas. Y las organizaciones no se detienen en arreglar a esas personas solo como órganos; también esperan que trabajen y funcionen como órganos. ¿Cuál de nosotros, si nuestro corazón hablara y dijera: «no quiero latir hoy», lo permitiría? ¿O si nuestros riñones dijeran: «voy a tomar dos semanas de vacaciones», lo recibiríamos con placer? Lo que esperamos de nuestros órganos es que trabajen, si es posible siempre y sin ningún tartamudeo, solo según nuestro deseo. Porque esto significa vida para nosotros. Tal expectativa puede mostrarse solo hacia las cosas sin vida, los órganos, las máquinas, las herramientas y los equipos, pero nunca hacia el humano. ¿Empequeñece esto al humano? Al contrario, lo hace valioso. Por mucho más que trabajen los robots que el humano, por mucho conocimiento que almacenen dentro de sí, y aun si no tienen necesidades como dormir, retrete, el humano que hace e inventa el robot es muy superior a él. ¿Habéis visto u oído alguna vez un riñón que ríe, un hígado que se regocija, un bazo, una máquina, un ordenador, un motor que muestra su amor? ¿Estamos locos, para creer en tales cosas y hablar de ellas? Pero organizar a las personas para un fin significa quitarles sus gozos y esforzarse por reducir a cero la calidad de lo que sea que queremos obtener. Pensad en todas las cosas útiles que se han inventado. Casi todos los que inventaron estas cosas hallaron esas cosas siendo libres. De todos modos, las cosas inventadas manteniendo bajo presión, por la fuerza, por la amenaza han tenido más daño que beneficio para la humanidad.
Aunque el esfuerzo en este camino de una persona que entra en una organización sea al principio libre y muy dispuesto; ¿por cuánto tiempo va esto así? Seguramente viniendo un día, esas cosas que hace se volverán monótonas a sus ojos, el valor que da, el respeto que muestra y su gozo desaparecerán. Dios, en cambio, ni siquiera quiere aceptar el sacrificio del que da sin gana, con un mal corazón. (Génesis 4:4-5) La organización, en cambio, no mira tales cosas. En ella hay números como número, fuerza, comodidad, el poder llamado éxito, estadísticas. El espíritu y el amor, la misericordia, el perdón están muertos para ellos. Miran y valoran lo físico, es decir, las cosas visibles exteriormente. Y los Testigos de Jehová no son el único establecimiento en nuestro mundo que se ha organizado a sí mismo. Desde que el mundo fue establecido y el pecado entró en el mundo, las personas se han esforzado por organizarse a sí mismas. (Sagradas Escrituras-Génesis 11:1-9) Echad una mirada así a la historia de nuestra tierra y a la humanidad. Decidid vosotros cuánta felicidad han obtenido, habiendo arreglado qué y cómo. Creo que el lugar con el que nos asustaron como infierno nunca volverá a ser como este mundo nuestro.
A la luz de toda esta información, si todavía, confiando en la luz de una organización, vais a preferir ir por el camino equivocado en vez de ir solos por el camino correcto, esto por supuesto es algo que vosotros sabréis. No olvidemos este versículo también:
El Señor dice así: Maldito el hombre que confía en el hombre, y hace del hombre su fuerza, y cuyo corazón se aparta del Señor. Porque será como el tamarisco en el desierto, y no verá cuando venga el bien, sino que morará en los lugares resecos del desierto, en una tierra salada, donde nadie vive. Feliz el hombre que confía en el Señor, y cuya confianza es el Señor. Porque será como un árbol plantado junto a las aguas, ese árbol que echa sus raíces junto al río, y no teme cuando viene el calor, y su hoja es verde, y en el año de sequía no se angustia, no cesa de dar fruto. Jeremías 17:5-8
Si pensamos lógicamente, de haber sido Dios un Dios organizador, ¿habría dejado sin castigo el levantamiento de Satanás contra Él al principio mismo? ¿No habría matado y destruido a Adán, o a su hijo Caín que cometió el primer asesinato? Al contrario, ante el decir de Caín a Dios: «…sucederá que quienquiera que me encuentre me matará» (Génesis 4:14-15), Dios dice: «Por tanto, quienquiera que mate a Caín, se tomará venganza de él siete veces», y pone una marca sobre Caín para que quienquiera que lo encuentre no lo golpee. Sin embargo, ¡una organización tendrá un plan, y mientras aplica este plan vendrá ante ella un obstáculo! ¡Y esa organización tendrá poder ilimitado! ¿Qué hace? Aplasta y pasa. La organización es como un virus mortal. No veáis su haberse propagado rápidamente y haber tomado el mundo bajo su efecto como éxito.
Por último debo también afirmar, para que lo que he escrito no se malentienda. Aunque, a causa de nuestros rasgos defectuosos, pecadores, inclinados al mal, no creo que ser organizado sea necesariamente requerido hagamos lo que hagamos, aun así puede hacerse. En las cortas vidas que las personas viven, en las cosas que quieren obtener rápidamente, impacientemente, este parece el camino más fácil. Es más, digo que incluso tenemos que organizar algunas cosas en este sistema del mundo. Porque no podemos oponernos a este sistema que ha llenado todo el mundo. Pero digo una y otra vez que, a pesar de todas estas cosas, siendo organizado nadie puede establecer una buena relación entre sí mismo y Dios, ni hacer que nadie la establezca. La cosa que Dios espera de los que vienen a Él y a la que da la mayor importancia es que nos acerquemos a Él libremente, con amor y gozo. Los miedos, las presiones, las amenazas, las anotaciones de horas, el hacer ostentación en las plazas, las adoraciones noche y día engañándonos a nosotros mismos de que garantizaremos el paraíso, el correr de puerta en puerta con las Sagradas Escrituras, la Torá, el Corán en sus manos, diciendo: «Nadie sino nosotros se salvará, así que venid a nosotros», y un montón más de actitudes y comportamientos maleducados que provienen de la presunción y que no puedo contar, son una abominación a los ojos de nuestro Creador, aparte de estas cosas. Aun si las organizaciones logran todo lo que es una abominación a los ojos de Dios, no pueden lograr dar un verdadero gozo y libertad, acercar a las personas a Dios por este medio. Nunca, en ninguna era, lo han logrado, y nunca, en ninguna era, lo lograrán.
Según la promesa del Señor, correr con nuestra propia personalidad, y no ser espiritualmente perezosos, hacia el tiempo y el objetivo en que toda la tierra será convertida en paraíso, lejos de Satanás y sin organización, con gozo; aquí, este es el deber humano que nos cae. Estas cosas Dios las planeó antes de crear la tierra. Y este plan Dios lo cumplirá no de un modo organizador, sin mantener bajo presión, de un modo en que todas Sus criaturas serán felices, libres y gozosas. Si tan solo los que tienen todo su corazón en el Señor, siendo valientes y de buen ánimo, confiaran solo en Él.